Tomo I: Antecedentes, fundación y despegue
I. Antecedentes y fundación

 

2. Paréntesis revolucionario

 

2.3 Retorno al metalismo

Las finanzas revolucionarias constituyen también otro capítulo angustioso, pintoresco y violento dentro del remolino de la contienda armada. Huerta, como se vio, recurrió para su financiamiento al préstamo bancario interno y al empréstito exterior, dejando prácticamente cerradas estas alternativas presupuestales a los gobiernos subsecuentes. Las administraciones de Carranza y Villa fueron casos semejantes de heterodoxia hacendaría, las dos caracterizadas por un denominador común: la emergencia y la premura. La opción financiera elegida tanto por los constitucionalistas como por los convencionistas recayó sobre la emisión de moneda fiduciaria, proceso que desembocó en un verdadero caos circulatorio y obligó finalmente al país a regresar al esquema metalista. El periodo del papel moneda fiduciario, que va de julio de 1913 a diciembre de 1916, puede dividirse en tres etapas: 1) el periodo de los billetes de banco, que cubrió desde julio de 1913 a agosto de 1914, 2) el del papel moneda constitucionalista, que se extendió de agosto de 1914 a junio de 1916, y 3) la etapa del billete “infalsificable”, que va de junio a diciembre de 1916.

Desde luego que no puede hablarse de una división perfecta entre estos periodos, ya que en cada uno de los mismos el papel del periodo anterior circuló en alguna medida. Más aún, siempre hubo en circulación cierta cantidad de moneda de Estados Unidos a lo largo de la frontera y en los puertos marítimos, y durante la era del papel moneda se efectuaron ocasionalmente transacciones con moneda metálica mexicana que de vez en vez salía de sus escondites.[1]

Al arrancar la revolución constitucionalista, la cuestión de su financiamiento adquirió una preponderancia central. El gobierno de Carranza contaba únicamente con tres alternativas para financiar su campaña: el empréstito exterior, el préstamo forzoso interior a las clases adineradas o a los bancos y la opción del papel moneda fiduciario.

La elección recayó sobre este último sistema, el cual había sido ya utilizado en situaciones históricas similares, durante la revolución francesa y la guerra de secesión en los Estados Unidos. Los decretos que ampararon las primeras emisiones explicaban con amplitud las razones para la adopción de dicho esquema. Ahí se puntualizaba que la emisión fiduciaria era una forma de empréstito al pueblo en general, para que éste contribuyera “al restablecimiento del orden constitucional”. Esta forma de préstamo ofrecía la ventaja de no comprometer a ningún grupo social específico con el financiamiento de la Revolución, además de que el señor Carranza siempre insistió en la determinación de no contratar créditos externos para no coartar la libertad de acción de su gobierno.

En cuanto a los préstamos bancarios, esa opción estuvo siempre cerrada al carrancismo por razones políticas y prácticas. Desde un principio, los bancos y sus billetes fueron declarados enemigos de la Revolución. En octubre de 1913, Carranza decretó como fraudulentos e ilegales los billetes del Banco Nacional de México en virtud de que la emisión había rebasado los límites legales señalados por la ley de 1897. Meses después, también se prohibió la circulación de los vales de corta denominación que Huerta había autorizado a emitir a los bancos y a empresas como la American Smelting and Refining Co. Por ello, a medida que la Revolución fue avanzando territorialmente, los bancos optaron por cerrar sus oficinas en los estados liberados.[2]

La expedición de billete constitucionalista se inició el 26 de abril de 1913 con el llamado “papel de Monclova” por 5 millones de pesos, a la cual le siguió la emisión de diciembre de ese año por la cantidad de 15 millones de pesos. El cuadro 3 indica el monto de billete constitucionalista emitido oficialmente por ese partido hasta julio de 1914, fecha de la derrota del usurpador Huerta. Sin embargo, en la realidad esa suma debió ser mayor, ya que en ese periodo se efectuaron numerosas emisiones locales que nunca obtuvieron registro adecuado. Carranza, en decreto de febrero de 1914, hizo legales las emisiones estatales de los gobiernos de Sonora, Chihuahua, Sinaloa, Durango, Nuevo León y Tamaulipas, y el Primer Jefe aprobó también, en junio de 1914, una emisión del estado de Durango por 2 millones de pesos:[3]

CUADRO 3
PAPEL MONEDA EMITIDO POR EL PARTIDO
CONSTITUCIONALISTA, ABRIL DE 1913 - JULIO DE 1914
Fechas
Denominaciones
Monto de las emisiones
26 de abril de 1913
$ 1, $ 2, $ 10, $ 50 y $ 100
$ 5,000,000
28 de diciembre de 1913     
$ 1, $ 5, $ 10 y $ 20
15,000,000
12 de febrero de 1914
$ 1 y más
1,0000,000
4 marzo de 1914
5c y 10c
200,000
10 abril de 1914
5c y 10c
600,000
6 mayo de 1914
5c y 10c
1,000,000
31 julio de 1914
5c y 10c
1,000,000
MONTO TOTAL
DE EMISIONES
$ 3,280,0000
Fuente: Edwin W. Kemmerer, “lnflación y revolución: La experiencia mexicana de 1912 a 1917”, Problemas Agrícolas e Industriales de México,enero-marzo de 1953. vol. V, núm. 1, p. 179.

La segunda etapa emisora del carrancismo va del 15 de agosto de 1914, día en que los constitucionalistas entran a la capital, a junio de 1916, mes en que se impone en la circulación el llamado billete infalsificable. El recuento monetario de ese periodo resulta un reflejo de la convulsa e inestable historia política, militar y diplomática de esa época. Para el triunfo constitucionalista ya se manifestaba la necesidad de introducir algún elemento de uniformidad en la extensa gama de billetes en circulación. En septiembre de 1914 se aprueba una emisión que tendría por fin la anterior uniformación y también contribuir a la solución de los problemas presupuestales cada vez más angustiosos del gobierno. El monto de esa emisión era de 130 millones de pesos, y sus billetes se canjearían por aquellos expedidos por Carranza durante su lucha contra Huerta. A la emisión de 130 millones se le sumó, en junio de 1915, el llamado “billete de Veracruz” por un total de 70 millones, y un mes después con fines de canje se autorizó otra serie de billetes. En efecto, con decreto del 28 de julio de 1915 se aprobó la expedición de papel por la cantidad en pesos de 42 millones 625 mil con el propósito de retirar de la circulación una suma igual de billete de la Convención que había sido declarado ilegal por la administración de Carranza. Las anteriores emisiones sumaron un total de 242.62 millones de pesos, cantidad de la cual un monto indeterminado se utilizó para retirar otro tipo de papel moneda en circulación.

Con todo, la diversidad del papel moneda aumentó en lugar de disminuir. Durante esta época se expidió mucho billete por fuera de las emisiones oficiales. Un decreto de abril de 1916 hacía mención de 21 clases diferentes de especies fiduciarias “reconocidas legalmente”, a las que se aunaban diversos billetes en circulación de empresas agrícolas e industriales. En agosto de 1915 se aprueba una serie de billetes fraccionarios por 5 millones de pesos y en septiembre una segunda por 3 millones. En diciembre de 1914, el Primer Jefe Carranza autorizó a la Reguladora del Henequén para que lanzara una serie de papel moneda por 10 millones de pesos que circularía en Yucatán y Campeche.

Además de los billetes mencionados también tuvieron circulación legal durante este periodo, una variada colección de billetes y bonos. De ellos algunos fueron emitidos por diferentes Estados y las emisiones más notables correspondieron a Sonora, Durango, Chihuahua y Sinaloa; otros por generales entre los que destacaron los de Obregón, Villa y Caballero, y algunos por diversas pagadurías del Ejército.[4]

1915 resulta en todos los órdenes el año más convulso de la revolución armada. Tanto el carrancismo como los convencionistas recurren al papel moneda fiduciario para el financiamiento de sus respectivas campañas, y el monto como la diversidad de billetes proliferan hasta su mayor desorden.

Las emisiones convencionistas se inician en diciembre de 1914, cuando se autoriza una serie de billete por la suma de 15 millones de pesos, trámite que se repite en forma idéntica y por las mismas cantidades en enero y mayo de 1915.[5]

Los hacendistas de la Convención experimentan semejantes dificultades que los carrancistas por la diversidad del papel moneda en circulación. El billete emitido por la facción antagónica fue una de las fuentes del caos circulatorio para cada uno de los bandos en conflicto. El Primer Jefe decretó la nulidad de los billetes emitidos por la Convención de Aguascalientes y por el gobierno de Villa en Chihuahua. En diciembre de 1914 la Convención decidió, por su parte, revalidar por medio de resellos algunos billetes del gobierno provisional constitucionalista. El total de billete revalidado llegó a la suma de 82.6 millones de pesos. El gran proyecto convencionista de unificación se relaciona con un plan para expedir una deuda interior por 300 millones de pesos, la cual permitiría canjear por una sola emisión todo el billete, y además contribuir a las necesidades pecuniarias de ese gobierno. Los bonos del citado empréstito nunca llegaron a expedirse.[6]

Se cuenta con escasa noticia numérica sobre el total de billetes emitidos por la Convención. “Villa, por ejemplo, inundó su patria con papel moneda garantizado nominalmente por el erario de Chihuahua”.

Las “sábanas” o “calzones blancos” sumaban más de 9 millones de pesos (9 621 440.00) en mayo de 1914; los “dos caras” o “dos caritas” llegaron a 417 millones de pesos a finales de 1915, más otros 150 millones de pesos que fueron impresos en los Estados Unidos porque las máquinas de Chihuahua no se dieron abasto. El monto total de esas emisiones superó los 576.5 millones de pesos, a los que hay que agregar los billetes que lanzaron los constitucionalistas cuando estaban unidos y las falsificaciones, que fueron muy abundantes.[7]

Parece difícil evocar la confusión y la incertidumbre monetaria reinante durante la Revolución, no sólo por la cantidad de billetes y por el gran número de emisiones, sino porque, al vaivén de la lucha política y militar, resultaba a menudo imposible determinar la legalidad del papel moneda. Kemmerer asegura que, en ocasiones, “fue muy difícil trazar la línea divisoria entre la moneda legal e ilegal”.

Hubo emisiones de papel moneda de una facción política, que otras declararon ilegales, cuando los billetes aparecieron en su territorio o cuando una de ellas ocupó territorio anteriormente en poder de otra; emisiones de formas legales de moneda en exceso de los límites autorizados por la ley; se consideraron ilegales algunos billetes con números de serie superiores a una cifra determinada, mientras que fueron legales los de esa misma emisión con números de serie por debajo de esa cifra; emisiones que en ciertos casos fueron legales en algunas denominaciones pero no en otras; hubo billetes de autoridades civiles y militares emitidos sin la autorización del gobierno central y también falsificaciones sin límite.[8]

La gran diversidad de billetes y lo burdo de la manufactura propició su reproducción ilícita. El problema llegó a ser tan grave que el gobierno se limitó a expedir decretos y circulares para prevenir a las víctimas más viables de la falsificación: los ciudadanos pobres e ignorantes. En 1915, se llegó incluso a falsificar el billete constitucionalista utilizando las planchas oficiales de la Tesorería de la Nación, lo cual originó que “el general Obregón ordenara el fusilamiento inmediato de los responsables”, a pesar de contarse entre los falsificadores con personas que gozaban de influencias entre los círculos políticos y sociales de la ciudad.[9]

El deterioro en el valor del billete se hizo evidente al poco tiempo de iniciarse su expedición. A principios de 1914, el billete de banco y el papel moneda empezaron a canjearse a “a la par”, pero paulatinamente surgió el descuento del segundo con el primero. En enero de ese año, el premio fue de 5 a 10% y en marzo alcanzó el 40 o 50%. Cuando en agosto las tropas constitucionalistas entran en la capital, el billete de banco había desaparecido prácticamente de la circulación.[10] La Revolución resultó un campo ideal de verificación para la ley de Gresham: primero el billete bancario “huertista” desplazó la moneda metálica y luego el papel moneda fiduciario expulsó del flujo mercantil al propio billete.[11]

La depreciación del papel no resultó ni uniforme para todas las zonas geográficas, ni homogénea para las diferentes emisiones. La desvalorización resultó más aguda para aquellos billetes expedidos por la facción derrotada que fue la “de la Convención”. Los fracasos militares de Villa fueron debilitando paulatinamente la cotización en dólares del billete de Chihuahua. El descalabro que Obregón infligió a los villistas en Celaya redujo la cotización de 15 a 5 centavos de dólar por un peso y el reconocimiento tácito de los Estados Unidos para el gobierno de Carranza llevó esa paridad hasta la sima de “un décimo de centavo por peso”. Dicha depreciación ocasionó la clausura del Banco del Estado de Chihuahua y los ejemplares del papel villista llegaron a regalarse como souvenirs en las poblaciones norteamericanas de la frontera.[12] La devaluación del billete constitucionalista llegó a ser no menos expresiva, provocando una verdadera “hiperinflación” en los territorios bajo su dominio. En el cuadro 4 se proporciona información sobre el anterior fenómeno.

CUADRO 4
COTIZACIONES DEL PESO MEXICANO EN RELACIÓN
CON EL DÓLAR AMERICANO,* AGOSTO DE 1914 - MAYO DE 1916
(dólares americanos)
Mes
Máximo
Mínimo
Promedio
1914
Agosto
.25
.21
.2462
Septiembre
.245
.185
.2108
Octubre
.225
.1925
.2055
Noviembre
.204
.1875
.1986
Diciembre
.1975
.177
.1870
1915
Enero
.0175
.1225
.1431
Febrero
.1375
.13
.1314
Marzo
.1310
.11
.1190
Abril
.1090
.0875
.0923
Mayo
.091
.0835
.0863
Junio
.095
.0825
.0926
Julio
.085
.065
.0739
Agosto
.08
.056
.0676
Septiembre
.071
.06
.0659
Octubre
.0805
.0605
.0714
Noviembre
.08
.064
.0716
Diciembre
.0675
.0535
.059
1916
Enero
.0510
.039
.044
Febrero
.045
.0372
.0407
Marzo
.037
.0205
.0285
Abril
.046
.026
.0343
Mayo
.03
.02
.0229
* Cotizaciones en la ciudad de México.
Fuente: Edwin W. Kemmerer, “Inflación y revolución”, Problemas Agrícolas e Industriales
de México
, enero-marzo, 1953, vol. V, núm. 1, p. 183.

El triunfo del constitucionalismo encontró al país sumido en la postración económica y en un indescriptible caos circulatorio. La situación monetaria hacía imperativo un programa de reorganización. Los problemas de la falsificación, la amplia diversidad de esos títulos y su excesiva cantidad habían reducido el valor del papel moneda a casi 1/7 de su valor nominal en oro.[13] El objetivo era un esquema monetario que, además de lograr la unificación y el control cuantitativo del billete, asegurara el papel en contra de la falsificación. De ahí surgió el plan del “billete infalsificable”, el cual proponía, además, darle al papel moneda la base metálica parcial de la que carecían las emisiones anteriores. Es curioso que la denominación del proyecto se determinara en función de la calidad “infalsificable” del nuevo billete; los demás fines, como el de la unificación o el control cuantitativo, eran al menos tan deseables como el anterior. En la retórica gubernamental, la depreciación del billete se atribuía principalmente al auge de la falsificación, razón por la cual era de todo punto necesaria la creación del signo circulatorio que, por su calidad, evitara la posibilidad de dicho fraude. Según el decreto respectivo el billete sería de una perfección artística tal “que hiciera imposible su falsificación”.

El infalsificable conseguiría la unidad de la circulación a través de un billete único, que sería canjeado por todas las emisiones legales existentes. En cuanto al control cuantitativo, el proyecto solicitó la emisión de 250 millones de pesos, que finalmente se elevó al doble de esa cifra, o sea a 500 millones. Por último, se crearía una base metálica que le asignaría un valor de 20 centavos oro a cada unidad y que daría un respaldo del 100% al total de dicha emisión.[14]

El plan del infalsificable se inició en julio de 1915; sin embargo, su implantación no fructificó hasta abril de 1916 con la disposición que aumentó la serie de este billete hasta 500 millones. Quizás este lapso tan prolongado se debiera “al laborioso proceso” que demandó la impresión de esos billetes y a las demás dificultades políticas y militares del gobierno constitucionalista en esa época.

La estabilización del valor de la moneda era un objetivo central del proyecto del infalsificable y para ello resultaba indispensable la formación del acervo que asegurara la garantía metálica del billete. Con ese fin, por decreto del 5 de abril se instituyó el Fondo Regulador de la Moneda Fiduciaria. El fondo tendría un saldo de 50 millones de pesos, aunque ese total no pudiera ser integrado totalmente de momento.[15] El manejo del Fondo Regulador fue entregado a un órgano de nueva creación —la Comisión Monetaria—, a la cual le fueron transferidas algunas de las funciones de la Comisión de Cambios y Moneda de 1905.

El periodo del infalsificable cubre aproximadamente del 5 de junio al lo. de diciembre de 1916, aunque según el decreto correspondiente dicha especie entraría en circulación desde el 1o. de mayo de ese año. El programa del infalsificable contemplaba tres canales para su emisión: el canje por papel moneda antiguo, por medio del pago de sueldos y salarios de empleados públicos, y por la liquidación del gasto público en esa especie. Para la recaudación del antiguo papel moneda, el gobierno recibiría esa moneda en el pago de una gran variedad de impuestos.

En los primeros meses, el plan del infalsificable se desarrolló sin fricciones y pronto el flujo dinerario se inundó del nuevo billete que desplazaba de la circulación al antiguo papel moneda. El canje del infalsificable evolucionó también, sin incidentes, a la cotización preestablecida de 20 centavos oro por un peso; sin embargo, paulatinamente se vio la dificultad de sostener la anterior paridad. Espontáneamente empezó a surgir un comercio clandestino en el que se traficaba con el nuevo billete a un precio inferior que el oficial, además de que los tenedores se volcaban sobre la Comisión Monetaria en demanda de su contrapartida metálica. La Secretaría de Hacienda decidió hacer frente a las primeras embestidas y la Comisión Monetaria fue provista de suficiente oro para satisfacer a todos los portadores. Poco tiempo después, se decidió fortalecer el respaldo recurriendo a las sucursales de algunos bancos nacionales y extranjeros, y ante las recomendaciones de la Comisión Monetaria, estas sucursales fueron abastecidas de metal para que también acudieran al rescate del infalsificable. Con todo, los anteriores esfuerzos resultaron inútiles. Los bancos recibían en metálico entre 5 mil y 50 mil pesos diarios sin que pudieran contener la avalancha, y para el mes de agosto la cotización efectiva del infalsificable se registraba entre 4.5 y 4.25 centavos oro por peso.[16]

La desvalorización del infalsificable resultó a la postre vertiginosa. En el cuadro 5 se proporciona un registro cuantitativo de la depreciación de ese signo monetario en relación a los cambios sobre el exterior, mostrando que la cotización descendió entre junio y diciembre de 1916 de 9.70 a 0.46 centavos de dólar por peso.

CUADRO 5
COTIZACIONES DE COMPRA DEL PESO MEXICANO
“INFALSIFICABLE” EN NUEVA YORK, JUNIO DE 1916 - DICIEMBRE DE 1916
(dólares americanos)
Mes
Máximo
Mínimo
Promedio
Junio
.097
.097
.097
Julio
.097
.09
.097
Agosto
.0425
.031
.038
Septiembre
.0345
.0275
.0311
Octubre
.0277
.0175
.0232
Noviembre
.0190
.0045
.0099
Diciembre
.005
.0037
.0046
Fuente: Edwin W. Kemmerer, “Inflación y revolución: La experiencia mexicana, de 1912 a 1917”, Problemas Agrícolas e Industriales de México, enero-marzo de 1953, vol. V, núm. 1, p. 196.

En cuanto a la paridad del infalsificable con la moneda de oro nacional, “a partir del 24 de octubre” y hasta el fin de año,

...la Secretaría de Hacienda anunció cada 10 días el tipo de equivalencia entre el papel moneda y el oro que normaría el pago de impuestos y salarios en toda la República. En seguida se dan tales tipos de cambio en cifras que contienen la equivalencia de $100 “infalsificables” en moneda de oro nacional:
Del 24 al 31 de octubre $4.50
Del 1o. al 10 de noviembre 4.00
Del 11 al 20 de noviembre 2.94
Del 21 al 30 de noviembre 2.00
Del 1o. al 10 de diciembre 1.00
Del 11 al 20 de diciembre 0.666
Del 21 al 31 de diciembre 0.666[17]

El fracaso del infalsificable, por lo tanto, se manifestó con evidencia desde el mes de agosto de 1916, y las autoridades hacendarias del gobierno carrancista, en un alarde de realismo financiero, empezaron a discurrir desde ese momento un retorno a la circulación metálica.

Las primeras medidas se tomaron entre el 22 y el 23 de octubre, cuando en sendos decretos se autorizó que tanto los impuestos locales del D.F. como los federales, se pagaran en oro o en su equivalente infalsificable a los tipos de cambio que fuera decretando el gobierno periódicamente. En esas mismas fechas, otro ordenamiento implantó medida semejante para el pago de los sueldos y salarios en toda la República; disposiciones que, según Kemmerer, contribuyeron en gran medida a la depreciación del papel infalsificable.

La desvalorización del billete continuó a ritmo vigoroso. Según algunos autores, el país vivió por algunas semanas sobre un sistema de trueque, por lo cual el gobierno se vio forzado a apresurar el retorno a un modelo metalista. Un decreto del 15 de noviembre determinó definitivamente que los impuestos al erario fueran pagados sobre “una base oro” y sólo dos semanas después se dio el golpe de gracia al decretarse que los sueldos, salarios y pensiones del gobierno, se liquidarían también en especies áureas.

El desenlace resultaba de gran trascendencia para la historia monetaria del país. Un periodo de casi 60 años de consolidación para el billete de banco concluía con el peor de los epílogos: el descrédito público absoluto de ese tipo de especie circulante. Tendría que transcurrir un largo periodo de casi quince años para que el billete recuperara su lugar como un elemento preponderante en la oferta monetaria de la República. A pesar de los esfuerzos, el Banco de México sería incapaz, durante su primera etapa vital, de reconciliar al pueblo mexicano con la especie monetaria más práctica que el mundo ha conocido: el papel moneda.


[1] Edwin W. Kemmerer, “Inflación y revolución: La experiencia mexicana de 1912 a 1917”, Problemas Agrícolas e Industriales de México, vol. V, núm. 1, enero-marzo de 1953, p. 173.

[2] Antonio Manero, La reforma bancaria en la revolución constitucionalista, México, Talleres Gráficos de la Nación, 1958, pp. 39-41.

[3] Kemmerer, op. cit., p. 179.

[4] Ibid., pp. 181-182.

[5] Manero, op. cit., pp. 46-48.

[6] Ibid., pp. 46-47.

[7] Berta Ulloa, La encrucijada de 1915. Historia de la Revolución Mexicana, 1914-1917, vol. 5, México, El Colegio de México, 1979, p. 218.

[8] Kemmerer, op. cit., p. 182.

[9] Manero, op. cit., p. 50.

[10] Ibid., p. 50.

[11] Walter F. Mc Caleb, Present and Past Banking in Mexico, Nueva York, Harper and Brothers, 1920, p. 226.

[12] Ulloa, op. cit., p. 220.

[13] Kemmerer, op. cit., p. 188.

[14] Manero, op. cit., pp. 51-55.

[15] Kemmerer, op. cit., p. 189.

[16] Mc Caleb, op. cit., pp. 240-242.

[17] Kemmerer, op. cit., p. 196.

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