Tomo II: Consolidación y formación de la tormenta
I. Consolidación

 

6. El frente bancario

 

6.3 SOS: Banco de Londres

Uno de los salvamentos bancarios de mayor importancia en la historia del Banco de México ha sido sin duda el del Banco de Londres y México en 1934. Las dificultades de esa institución eran casi tan antiguas como el siglo, ya que arrancan de la recesión económica que asoló al país en 1907. Al estallar la Revolución sus problemas se transforman en pesadilla; en el curso del periodo armado no sólo sufre las pérdidas ocasionadas por la destrucción propia de la contienda, sino que es, a su vez, objeto de incautaciones e intervenciones por parte de las diversas facciones participantes en el conflicto. Terminada la Revolución, el Banco de Londres es la primera empresa bancaria que acepta el proyecto de liquidación para los antiguos bancos de emisión, y en 1925 se constituye también en pionero al aprobar el esquema de indemnización gubernamental por los daños y perjuicios sufridos por los bancos durante la fase armada de la revuelta.[1] Tanto infortunio, unido a la depresión económica de 1929, repercute desfavorablemente en la parte de su activo. Una considerable proporción del patrimonio del banco estaba integrada por bienes raíces y por propiedades rústicas caídas en manos de esa institución como garantía de créditos incobrables concedidos en el pasado. Sobresalía entre ellos un predio forestal y maderero de 673 859 hectáreas localizado en el territorio de Quintana Roo, cuyo nombre era “Santa María”. Para que se constate la importancia de Santa María en el activo del de Londres, considérese simplemente que, mientras la propiedad tenía en libros un valor de poco menos de 5 millones de pesos, la cuenta neta de obligaciones a la vista del banco marcaba en abril de 1934 un monto de 6.2 millones de pesos.[2]

La situación de liquidez empeoraba día con día. Los pánicos bancarios son fenómenos que se gestan larvadamente y para el año de 1934 ya se insinuaban las dificultades que habría de encarar en un futuro cercano esa casa bancaria.[3] Lo afirmado en 1932 en una misiva enviada al Consejo del Banco de México por las autoridades del de Londres era, al parecer, inexacto:

El mismo señor Mascareñas dio lectura a la carta que dirige el Banco de Londres y México, S.A., ...referente a las relaciones futuras de esa institución con el banco, e indicando que en los actuales momentos, por circunstancias muy especiales, el citado Banco de Londres es la única institución nacional llamada a resurgir y a ser el conducto o el dispensador del crédito bancario...[4]

La situación de crisis hacía inminente la solución para salvaguardar la integridad del destacado banco. Las autoridades de esa empresa recurren al consejo del licenciado Miguel Palacios Macedo para el diseño de un plan de rescate. Inmediatamente éste es nombrado director del banco y consejero por la serie B en el Banco de México.[5] Con ello quedaba delineado un satisfactorio esquema de acción, ya que el mismo gerente del de Londres podía tramitar en el consejo del banco central los asuntos pertinentes a la supervivencia de aquella institución.

Una de las soluciones al problema del Banco de Londres emanaba de la posibilidad de una fusión con alguna otra empresa bancaria. La condición necesaria era que el banco que participara en la integración tuviera un activo saneado. En vista de las escasas alternativas de acción, Palacios Macedo decide habilitar ese proyecto y por intervención de Rafael Fernández del Castillo entra en contacto con Maximino Michel, del Banco de Comercio, quien, quizás por ser accionista del de Londres, cobra cierto interés en el rescate de esa augusta institución bancaria. También se emprenden pláticas con otra de las grandes personalidades del Banco de Comercio, don Salvador Ugarte, quien manifiesta simpatía por el plan referido.

Obtenida la aquiescencia del Banco de Comercio, Palacios Macedo presenta el proyecto a los accionistas del de Londres, quienes lo aprueban sin mayor objeción. Pero entre dichos accionistas se empieza a correr el rumor de que, en la fusión, las acciones del de Londres serían tomadas con un descuento, lo cual provoca una venta de estampida por parte de los tenedores de esos títulos. Inevitablemente la noticia se filtra al público y a los depositantes del Banco de Londres, quienes interpretan los hechos anteriores como el irremisible anuncio de la quiebra de dicha institución. Los retiros de pánico no se hacen esperar; un documento del Banco de Londres señala que en unos cuantos días la empresa devolvió fondos por valor de 14 millones de pesos,[6] habiendo sido el peor de ellos el jueves 8 de marzo, cuando el público no conocía aún la “actitud de resuelta solidaridad” asumida por los demás bancos y el propio gobierno en favor del de Londres.[7] Ese día:

La situación para el citado banco, fue de tal manera grave, que le faltó por liquidar a diversas personas la suma de trescientos mil pesos, suma que fuera de las horas de oficina, a las nueve de la noche facilitó el Banco Nacional de México, en vista de que las cajas de esta institución (Banco de México) ya estaban cerradas mediante su mecanismo de relox. Que esa situación de por sí crítica, se hizo aún más seria con motivo de que la alarma cundió en el interior del país y ante tan serias dificultades hubo necesidad de acudir en su auxilio lo más rápida y eficazmente posible...[8]

El secretario de Hacienda convoca una reunión, a la que asistirían la dirección de la institución interesada, el director del Banco de México y los gerentes del Banco Nacional de México, del Banco de Comercio y del Hipotecario Urbano y de Obras Públicas. En ella se estudió minuciosamente la cartera del de Londres con el objeto de dilucidar la mejor solución posible al problema. De la reunión se concluyó, al final de cuentas, que entre todos los bancos reunidos se podrían anticipar al de Londres, con garantía de sus disponibilidades, hasta 9 millones de pesos. El Banco de México participaría con 4 millones, el Nacional de México con 3 millones y resto se distribuiría en partes iguales entre el de Comercio y el Banco Urbano Hipotecario y de Obras Públicas.[9] La junta aludida se celebra el jueves 8 de marzo. Había que ganar tiempo —¡y fondos!— para resistir el embate del viernes. Una vez logrado ello, el fin de semana abriría un paréntesis para asentar un tanto los ánimos de los asustados depositantes. Era necesario, además, mantenerse en operación hasta que los manifiestos de apoyo de la Secretaría de Hacienda, el Banco de México y los otros bancos comerciales publicados en los periódicos vieran la luz pública, cosa que no sucedería sino hasta el viernes.[10]

La única empresa que se retiró finalmente del proyecto fue el Banco de Comercio, quien alegó no poder participar en el salvamento sin contar con los documentos de garantía necesarios. Para cubrir el faltante dejado por el de Comercio, las demás instituciones comprometidas decidieron aumentar sus líneas de anticipo: el Banco de México lo hizo por 500 mil pesos, el Nacional en 375 mil y el Hipotecario y de Obras Públicas en 125 mil pesos. Con ello, el respaldo total acordado para el de Londres se sostuvo en la prístina suma de 9 millones.[11]

El segundo acto de la crisis transcurrió algunas semanas después, cuando era de todo punto vital para que el Banco de Londres mantuviera su liquidez que se aprobara la renovación de un bono de caja por 1 millón de pesos, que el de México tenía descontado en su cartera.[12] Cuenta Palacios Macedo que la sesión correspondiente de la Comisión de Redescuento se llevó cabo en un ambiente tenso, de desconcierto e incertidumbre. Como Palacios era el representante del Banco de Londres, su encomienda “natural” sería, como lo fue, la de promover esa renovación, la cual se aprueba después de largas y encontradas discusiones.[13]

Con todo, los proyectos descritos no fueron más que una alternativa inmediata —de corto plazo— para salvar la circunstancia del de Londres. Si se había decidido rescatarlo, era necesario igualmente asegurar su supervivencia indefinida. El plan de largo plazo comprendió, como es lógico, la reorganización tanto bancaria como administrativa de la institución. Empero, el punto clave del plan sería el incremento del capital de la sociedad; sin la inyección de “dinero fresco” era obvio ya que la empresa no podría subsistir. El aumento del capital del Banco de Londres se había propuesto desde el año de 1933; sin embargo, por morosidad, porque la situación no había hecho crisis todavía, o por alguna causa desconocida, la capitalización de la sociedad no pudo ser llevada al terreno de la realidad antes de que se declarara el “run” en marzo de 1934.[14] El proyecto se desentierra cuando, en los días posteriores al pánico, el secretario de Hacienda, en unión del director del Banco de México y representantes de otros bancos, discute el futuro del Banco de Londres.[15] Las autoridades del de Londres presentan a la Secretaría de Hacienda y al Banco de México un programa de aumento de capital que comprendía las aportaciones que se consignan en el cuadro 15.[16]

CUADRO 15
PROYECTO DE AUMENTO DE CAPITAL PARA EL BANCO DE
LONDRES Y MÉXICO, 1934
(pesos)
Concepto
Cantidad
Suscripción por nuevos accionistas
1,500,000
Suscripción por instituciones bancarias:
     Banco de México, S.A.
1,000,000
     Comisión Monetaria
250,000
     Banco Nacional Urbano y de Obras Públicas
250,000
     Banco Nacional de Crédito Agrícola
250,000
     Banco Nacional de México
200,000
     Banco de Comercio
50,000
TOTAL
3,500,000
Fuente: Banco de México, “Actas del Consejo de Administración”, libro 9, p. 116, 18 de abril de 1934, acta 513.

Según Palacios Macedo, el plan de capitalización es resultado de los desvelos de Manuel Gómez Morin. En el mismo, la aportación de nuevo capital privado sería hecha por amistades de don Manuel, con las que ya se había pactado la suscripción respectiva. Según Palacios Macedo, la Secretaría de Hacienda había puesto como límite para la recaudación el 30 de junio de 1934; en caso de que no hubiera tal, se declararía en liquidación al Banco de Londres. Es, sin embargo, en estas fechas cuando Gómez Morin es designado rector de la Universidad y, al parecer, la intensa actividad política en esa casa de estudios provoca que don Manuel descuide otras actividades, entre ellas las relacionadas con el banco mencionado.[17] Por ello, aunque el esquema para el incremento del capital se aprueba en el mes de abril,[18] para la trascendente asamblea de accionistas del 29 de junio, el banco no ha podido, en definitiva, recibir las aportaciones prometidas. La asamblea resultó agitadísima y en el centro de la tormenta estuvieron Gómez Morin y Louis Magar, este último que fungía como presidente de la sesión. La situación se salvó gracias a la intervención de Palacios Macedo y de Rafael Fernández del Castillo, quienes al interceder por Gómez Morin ante Magar y al convencer al secretario de Hacienda de estirar el plazo para las exhibiciones, logran suscribir el dinero tiempo después.

El salvamento del Banco de Londres implicó espectaculares piruetas crediticias entre el Banco de México y esa institución. Como producto de ese acontecimiento, el de Londres quedó endeudadísimo en el instituto central. Además del crédito de emergencia por 9 millones, esa empresa se obligaba ya por 4 millones en redescuento y 1 millón más por garantía de bonos de caja.[19] Cualquier exigencia de pago brusca o estricta por parte del de México, inmovilizaría inevitable y tal vez fatalmente al de Londres. Esto es particularmente cierto para el crédito de 9 millones, que en realidad se había concedido como un anticipo de pronta exigibilidad. La continua liberación en las condiciones de los financiamientos anteriores retrata la buena voluntad y la flexibilidad que el de México brindó al Banco de Londres en esa época. El recuento sintético de dicha relación crediticia es como sigue: de la suma de 9 millones proporcionada en un principio fue devuelto en el corto plazo 1 millón de pesos, y el resto se redocumentó en el mes de abril para transformarse en un préstamo en cuenta corriente a tres años. Con posterioridad, en septiembre de ese año, “debido a exigencias impuestas por las circunstancias”, se modificó el crédito anterior, amparando 5.5 millones con un bono de caja y el resto de 3.3 millones por otro crédito en cuenta corriente que tendría vigencia hasta octubre de 1937.[20]

La historia de los tipos de interés impuestos a la anterior línea financiera es todavía más elocuente. Durante el mes de julio de 1934, cuando todavía no se resolvía el incremento de capital, el consejo administrativo del Banco de México recibe un comunicado de su homólogo en el de Londres. Decía que habiéndose estudiado la cuestión con detenimiento, la única alternativa de éxito para salvar la situación crítica de dicha casa bancaria, era que los intereses del 4% aplicados al crédito en cuenta corriente de 8 millones de pesos fueran reducidos o en definitiva cancelados.[21] La coyuntura era difícil, ya que lo afirmado por el Banco de Londres era acertado. La condición necesaria para obtener la aportación de capital era garantizar a los nuevos accionistas un dividendo mínimo del 3% anual y ello no sería posible si el Banco de México cobraba sus réditos. Empero, el Consejo de Administración no podría decretar una quita de intereses sin incurrir, quizás, en responsabilidad ante los accionistas del banco.[22] El asunto fue resuelto definitivamente acordándose que el Banco de Londres cubriría al de México intereses hasta donde alcanzaran sus utilidades después de pagar a sus accionistas un dividendo del 3%.[23]

El último episodio del salvamento se escenifica cuando, ya bien entrado el régimen cardenista, Santa María va a ser objeto de afectación agraria. Para la resolución de este nuevo obstáculo, una vez más avanzan al proscenio Manuel Gómez Morin y Miguel Palacios Macedo.

Santa María no era la única propiedad rural que tenía el Banco de Londres; pero sí, con mucho, la más importante. La institución se había adjudicado esta finca agrícola en el año de 1909, en que ingresó a los libros contables con un valor de 4.8 millones de pesos. En el archivo de Manuel Gómez Morin obra un documento que relata cómo, en 1935, el Banco de Londres intentó traspasar Santa María a la Nacional Financiera, S.A. En él se describe detalladamente esa propiedad, sus características físicas, riqueza, rendimiento histórico y potencial, etcétera; pero el punto crucial fue, tal vez, el proyecto de operación que se incluía para la Financiera. “Aunque el valor en libros es mucho mayor”, asentaba el de Londres, la empresa en esta propuesta fija al predio un valor de traspaso de 3.5 millones de pesos. En contrapartida se pedían títulos, valores y otros inmuebles.[24]

Los documentos consultados hablan de otras fincas y propiedades rurales. En la región de la Laguna el de Londres poseía las haciendas Nazareno, Jalisco y Sombrerete, además de tener créditos hipotecarios sobre otros predios de esa comarca (Hacienda de Dolores y Hacienda Nuevo Texas), todos ellos amenazados de expropiación. También en otras zonas de la República, la institución tenía obligaciones a su favor en condiciones parecidas. Por último, habría que mencionar unas extensiones grandes de terreno en Chihuahua y Durango.[25]

La afectación agraria del patrimonio anterior hubiera constituido un quebranto que colocaría al de Londres nuevamente al borde de la quiebra. Palacios Macedo relata sus gestiones ante el secretario Eduardo Suárez para evitar ese desaguisado. Los trámites de Gómez Morin, en cambio, fueron epistolares. En su archivo se descubren hasta cinco memorandos dirigidos al señor Suárez que dan fe de esas negociaciones. En el más extenso de ellos se presenta un programa completo para traspasar las aludidas propiedades al gobierno o a alguna empresa bancaria paraestatal, con el fin de evitar su incautación agraria.[26] En él, el Banco de Londres cedía al gobierno sus derechos sobre las diversas indemnizaciones vigentes. Se incluían en el plan las propiedades de la Laguna, muchas de las cuales ya estaban en manos del Banco Agrícola Ejidal, las propiedades de Quintana Roo (léase Santa María) y las de Chihuahua y Durango, que abarcaban estas últimas aproximadamente 1 millón de hectáreas de terreno:

Es de advertir que todos estos bienes han sido objeto de avalúo por parte del Banco Nacional de Crédito Agrícola. Es de advertir, también, que el precio que el banco ha señalado, 1 360 000.00 no es el valor que los bienes dichos tienen en sus libros, sino aproximadamente un tercio de ese valor... Es decir, se ha pedido estrictamente lo necesario para que el banco, absorbiendo una pérdida de varios millones de pesos, pueda quedar en condiciones de continuar su trabajo.[27]

Dejemos finalmente que sea el propio Gómez Morin quien detalle las razones esgrimidas para que el Estado aceptara su plan, ya que:

La operación es económicamente conveniente para el gobierno federal, porque adquiere bienes o se libera de responsabilidades legales, por una suma muy superior al monto de la operación...

Es conveniente, también la operación, por cuanto permite al Banco de México recuperar totalmente una inversión que ya tiene hecha en el Banco de Londres y lo libera de una pérdida de cuantía.

Es conveniente políticamente, porque sería grave la liquidación del Banco de Londres en estos momentos y originada por los motivos que se han dicho...

Pero sobre todas esas consideraciones, la operación propuesta es justa y debe realizarse, porque se debe al Banco de Londres, una suma mayor que la pedida y no hay razón ni legal, ni moral, para causar la ruina de esta institución.[28]


[1] “Memorándum”, s.f., sin signatario, Archivo de Manuel Gómez Morin (en adelante AMGM).

[2] Ibid., y “Balance general del Banco de Londres y México”, abril de 1934, AMGM.

[3] Entrevista Eduardo Turrent Díaz (ETD)-Miguel Palacios Macedo, enero de 1980.

[4] Banco de México, “Actas del Consejo de Administración”, libro 6, p. 169, 17 de febrero de 1932, acta 369.

[5] Banco de México, Decimosegunda asamblea general ordinaria de accionistas, México, Ed. Cultura, 1934, p. 47.

[6] “Memorándum”, op. cit.

[7] Excélsior, 10 de marzo de 1934, p. 1.

[8] Banco de México, “Actas...”, libro 9, p. 95.

[9] Ibid.

[10] Véase por ejemplo, “El Banco de Londres y México hará frente a sus compromisos: los mejores bancos lo respaldan”, El Universal, viernes 9 de marzo de 1934, p. 1.

[11] Banco de México, “Actas...”, libro 9, p. 103, 21 de marzo de 1934, acta 510.

[12] Ibid., libro 9, p. 136, 23 de mayo de 1934, acta 517.

[13] Entrevista ETD-Miguel Palacios Macedo, enero de 1980.

[14] Banco de Londres y México, “Resoluciones que presenta el Consejo de Administración a la consideración de la Asamblea General Extraordinaria de Accionistas, convocada para el día 29 de junio de 1934”, México, s.f., “Resoluciones sobre el punto XI de la orden del día”, cláusula 1a., sin página, AMGM.

[15] Banco de México, “Actas...”, libro 9, p. 113, 11 de abril de 1934, acta 512.

[16] Ibid., libro 9, p. 116, 18 de abril de 1934, acta 513.

[17] Entrevista ETD-Miguel Palacios Macedo, enero de 1980.

[18] Banco de México, “Actas...”, libro 9, p. 116, 18 de abril de 1934, acta 513.

[19] Ibid., libro 9, p. 116, 18 de abril de 1934, acta 513.

[20] Ibid., libro 9, pp. 29-30, 10 de octubre de 1934, acta 539.

[21] Ibid., libro 9, pp. 182-183, 20 de julio de 1934, acta 528.

[22] Ibid., libro 9, p. 174, 18 de julio de 1934, acta 527.

[23] Ibid., libro 9, pp. 182-183.

[24] “Memorándum a Nacional Financiera, S.A.”, julio de 1935, AMGM.

[25] “Atento memorándum para el Sr. Lic. Eduardo Suárez”, 11 de septiembre de 1937, AMGM.

[26] “Memorándum”, s.f., AMGM.

[27] Ibid., p. 3.

[28] Ibid., pp. 3-4.

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