Tomo X: Viento en popa
III. Banxico y el CEMLA

 

8. Apoyos continuos

 

¿De qué manera se produjo el nombramiento de Javier Márquez para ser el primer Director del CEMLA? Como primer antecedente cabe recordar que Cosío Villegas conoció a ese transterrado a través de la Casa de España en México y lo puso en contacto con el instituto central por intermedio del director general Villaseñor con quien el historiador tenía fuertes lazos de amistad. Márquez debe haber despertado en Villaseñor, Rodrigo Gómez y otros funcionarios del Banco de México una opinión favorable como economista y docente. A continuación, y como se ha visto, fue designado organizador del programa para establecer el CEMLA. Debió haber realizado su encomienda con eficacia y de ahí derivó en forma natural su candidatura para el cargo. Una revelación de Ernesto Fernández Hurtado confirma el peso que tuvo el parecer de Rodrigo Gómez en ese nombramiento y el cual correspondía institucionalmente sin discusión al Banco de México:

Huelga recordarle que el Lic. Novoa y especialmente don Rodrigo… han pensado en usted como Director del Centro. Estoy seguro que nada les agradaría más que así fuera. Me consta personalmente que don Rodrigo ha acariciado la perspectiva de que usted se haga cargo del Centro, no tanto porque así llegará a cuajar el proyecto, sino porque logrará al fin atraer a usted nuevamente a México en un puesto de investigación que seguramente resultará estable y dará a usted mayor prestigio.[1]

Al menos dos fuerzas impulsaron al Banco de México a apoyar el proyecto del CEMLA. Primero, el compromiso institucional e incluso del país, con la subsistencia y afianzamiento de un organismo cuya paternidad se asumía explícitamente. Segunda, la convicción de que el Centro sería de gran utilidad para los bancos centrales de América Latina. El Centro coadyuvaría, antes que nada, a la capacitación de los recursos humanos que trabajaban para esos bancos centrales, promovería la investigación desde una perspectiva latinoamericana en las materias de moneda, banca y política monetaria y, además, estimularía la cooperación entre esas instituciones para facilitar su operación y hacer más efectiva la conducción de la política monetaria en sus respectivos países. El CEMLA debía despegar y consolidarse y el Banco de México estaba dispuesto a hacer todo lo posible para que así ocurriera. En septiembre de 1952, poco después de firmarse el Acta Constitutiva, Ernesto Fernández Hurtado del Banco de México escribió a Javier Márquez confirmándole el ofrecimiento que se había hecho de que en caso de dificultades presupuestales del CEMLA, ese instituto central estaría dispuesto a financiar los déficit que se produjeran.[2] El ofrecimiento fue confirmado de manera enfática durante la sesión inaugural de la Junta de Gobierno del CEMLA y reiterado durante su subsiguiente que se celebró un año después en la ciudad de Washington. Así, en la primera de las reuniones mencionadas, en la que, además, el director del Banco de México fungió como presidente de la Junta de Gobierno del CEMLA, se dijo lo siguiente:

Como las aportaciones efectuadas hasta ahora al Centro podrán resultar insuficientes para satisfacer el presupuesto, el licenciado Carlos Novoa renovó el ofrecimiento hecho por el Banco de México, S.A., ante la III Reunión de Técnicos de Bancos Centrales celebrada en La Habana, de financiar la diferencia necesaria para ejecutar el presupuesto que apruebe la Junta de Gobierno…[3]

La posición de la Junta de Gobierno del CEMLA siempre fue que la institución y sus autoridades deberían hacer un esfuerzo permanente por conseguir nuevos miembros (asociados y colaboradores) a “manera de que no fuera necesario” recurrir al ofrecimiento que el Banco de México mantuvo en pie durante muchos años.

Nadie ponía en duda la calidad de promotor que había cumplido el Banco de México en el establecimiento del CEMLA; tampoco nadie le regateó las prerrogativas que se le habían concedido –quizá de manera tácita– por ese hecho. Actuando en consecuencia, a don Rodrigo Gómez del Banco de México correspondió la elección, primero, de la persona que se encargaría de organizar los trabajos para fundar la institución y, posteriormente, de quien ocuparía la Dirección en su etapa de despegue. Al aceptar su designación, Javier Márquez pidió quedar vinculado laboralmente al Banco de México, institución en la que deseaba “seguir en situación de activo” (sic). Ello debe interpretarse como que desempeñaría su nombramiento de director del CEMLA en calidad de comisionado por parte del banco central, respondiendo el licenciado Novoa que “en su carácter de Director del Banco de México” haría todo “lo necesario para resolver favorablemente la petición del señor Márquez”.[4] Asimismo, algo que nunca trascendió a la opinión pública fueron las difíciles negociaciones que se desarrollaron entre Javier Márquez y el propio Rodrigo Gómez para determinar el ingreso del director del CEMLA que finalmente fue fijado por la Junta de Gobierno del Centro en su sesión inaugural de septiembre de 1952 en “un sueldo de 10,000.00 dólares anuales más un veinte por ciento de gratificación anual”. Comentó al respecto Fernández Hurtado en una misiva confidencial:

…le confieso que don Rodrigo no esperaba que usted pidiera un sueldo de mil dólares mensuales, trabajando en México. He charlado extensamente con el señor Gómez sobre este asunto y lo encuentro sumamente preocupado. Se da perfecta cuenta de las razones que usted expone por las que el sueldo de Director debe ser alto, pero a la vez considera los graves problemas que se crearían con otras personas de muchos merecimientos, si se le concediera al Director del Centro el sueldo indicado por usted. No se ha atrevido a tratar el asunto con el Lic. Novoa temiendo, por motivos fundados, que su reacción sea definitivamente adversa a cubrir un sueldo que se considera elevado para México y que el asunto se vaya por la borda. Mi impresión personal es que un sueldo demasiado alto para el Director del Centro sería más bien un factor de inestabilidad que no conviene en un Centro de Investigaciones. Más aún, así como los sueldos que se pagan en México y en los países latinoamericanos no constituyen una pérdida de prestigio para quienes los devengan –con el sueldo que tengo no puedo menos que creer así o dejar el Banco– el hecho de que usted recibiera no mil dólares mensuales, sino digamos los seis mil pesos que se mencionaban en la Habana, puede no significar pérdida de prestigio y sí constituir un sueldo suficiente para que un investigador pueda trabajar con una holgura económica que ningún otro economista tiene en México, amén de dedicarse a la tan añorada investigación en el campo para el que usted precisamente está preparado. Creo que las ventajas de este tipo bien valdrían un pequeño sacrificio económico y deseo sinceramente que usted se decida a hacerlo. Las razones que me mueven a escribirle con tanta franqueza o quizá impertinencia, no obstante ser asunto que compete exclusivamente a usted, son que habiéndole dedicado tanto esfuerzo desinteresado a la idea del Instituto y estimado que usted sería precisamente el hombre que tiene la experiencia y el prestigio necesarios para sacar la idea adelante, me dolería mucho que por una pequeña diferencia que seguramente podría desaparecer una vez que el Instituto estuviera funcionado, no llegara éste a establecerse sobre bases sólidas.[5]

Por referencias muy verosímiles (el testimonio del economista Ernesto Fernández Hurtado que en el Banco de México ya tenía una posición muy cercana al subdirector Rodrigo Gómez) se sabe que los abogados del instituto central tuvieron una opinión definitiva en la determinación de la razón social idónea para el CEMLA. La paternidad del Banco de México para ese Centro que se encontraba en vías de nacimiento se hace evidente en varios pasajes del Acta Constitutiva. Otra aproximación, es que en la suscripción de ese documento el Banco de México estuvo representado por su funcionario de mayor jerarquía, el director general, Carlos Novoa. Asimismo, en ese documento quedó constancia de que había sido el Banco de México la instancia que se había encargado de gestionar ante la Secretaría de Relaciones Exteriores la autorización requerida por ley, para que pudiera constituirse “la mencionada asociación con el nombre de Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos”. En obvio reconocimiento al papel engendrador del Banco de México en esa fundación, en el acta constitutiva se acordó que la Junta de Gobierno del Centro se integraría con cinco miembros asociados, uno de los cuáles sería siempre “el Banco Central del país de residencia…”. Finalmente, también quedó establecido en ese documento fundacional que uno de los cinco integrantes de esa Junta de Gobierno sería designado para fungir como presidente de ese órgano por el resto de los integrantes y que además ejercería ese cargo durante los siguientes cuatro años.[6] En forma natural y espontánea, fue el representante del Banco de México quien quedó electo como presidente de la Junta de Gobierno para los primeros cuatro años de despegue en la historia del organismo.

Según se ha visto, la disposición del Banco de México para brindar apoyos al CEMLA se manifestó en forma explícita desde el establecimiento del Centro. A lo largo de las dos décadas siguientes esos apoyos se irían adaptando y ajustando a las necesidades coyunturales de la institución. Un primer avance se dio al resolverse el problema de los déficits presupuestales y la solución residió en un reclutamiento creciente de miembros asociados y de miembros colaboradores. No es dato de menor importancia que mientras el Centro inició operaciones con apenas siete miembros asociados incluyendo al Banco de México, para 1965 esa membresía hubiera crecido a 20 con las inclusiones notables de los bancos centrales de Perú, Argentina, Chile y Brasil, éste último recién establecido en 1964. También el número de miembros colaboradores creció de manera continua dando lugar a que también para 1965 esa membresía ascendiera a más de 15 instituciones. Esa membresía creciente elevó los ingresos por concepto de cuotas aliviando la situación presupuestal del organismo al menos por algún tiempo. Durante la etapa de despegue y hasta 1964, los apoyos del Banco de México se concretaron también en la resolución del problema de la falta de un inmueble propio y la necesidad de pagar rentas.

La historia inmobiliaria del CEMLA es interesante y se separa en tres etapas claramente definidas. Una primera, que se extiende de la inauguración hasta el año de 1958, y durante la cual el Banco de México además de permitirle a ese organismo instalar sus oficinas en el edificio anexo Guardiola de su propiedad, y en lugar de cobrarle renta le otorgó un subsidio por ese concepto. Para el año de 1956 ese concepto ascendió a 12,600 pesos que a precios de 2013 equivalía al tipo de cambio corriente a 1,008,000 dólares. Las presiones presupuestales con motivo del pago de renta se exacerbaron a raíz de que el CEMLA se mudó del edificio Guardiola a su siguiente domicilio en la Torre Latinoamericana. Fue en esa etapa cuando el pago de renta se convirtió en una carga excesivamente pesada dentro de los gastos del CEMLA: La proporción del pago de rentas sobre los gastos generales de oficina pasó de 37 por ciento en 1959 a 51.4 en 1963. El Banco de México reaccionó con generosidad ante esa problemática y las aportaciones complementarias que se otorgaban para aliviar el pago de renta se elevaron de manera ininterrumpida de poco más de mil pesos en 1957 a ligeramente por encima de 90 mil en 1961, manteniéndose en ese nivel hasta 1963 en que se tomó la decisión de dotar al CEMLA de un inmueble propio. Finalmente, fue a raíz de la decisión comentada que el Centro se mudó de la Torre Latinoamericana a su domicilio que ha sido definitivo en la calle de Durango en la Colonia Roma.

Una proporción también importante de la partida contable “Aportaciones Complementarias” (del Banco de México) se aplicó al pago de becas para los educandos del Programa de Enseñanza Técnica. Únicamente en los años 1956, 1960 y 1961 se presentó dicho concepto de manera desglosada cubriendo respectivamente 39, 25 y 18 por ciento sobre el total de esa cuenta. La práctica de que el Banco de México se hiciera cargo de cubrir las becas para los participantes en el Programa de Enseñanzas se inició en 1955 y, según las informaciones disponibles, se mantuvo hasta principios de los años sesenta. Con el paso del tiempo, la necesidad de que el Banco de México se hiciera cargo de esos gastos se fue diluyendo en la medida en que el CEMLA fue logrando convenios de colaboración con instituciones como la Fundación Rockefeller, la Administración de la Cooperación Internacional del gobierno de Estados Unidos, la Organización de Estados Americanos y el Banco Interamericano de Desarrollo. La tesis que siempre se manejó fue que los apoyos se brindaran transitoriamente, en tanto el CEMLA se fortalecía en definitiva y alcanzaba una etapa ulterior de autosuficiencia. Sin embargo, lo que se intenta destacar es la buena disposición del Banco de México para apoyar el afianzamiento del organismo:

Como en ejercicios anteriores, también el CEMLA recibió ayuda financiera del Banco de México en algunos casos relacionados con el Programa de Enseñanza… Se encuentran entre ellos gastos por concepto de cortesías a los becarios del Programa… También el Banco de México dio acceso a sus comedores a los becarios del CEMLA por toda la duración del curso, así como a las facilidades del Club Deportivo Chapultepec, tanto para los becarios mismos como para sus familias en México, sin gasto para el CEMLA.[7]

Un caso digno de destacarse ocurrió en 1954 a raíz de la devaluación que sufrió el peso mexicano en abril de ese año. Esa modificación cambiaria no tuvo mayor repercusión sobre los resultados del ejercicio del Centro en razón de que el grueso de los gastos operativos se sufragaba en la moneda mexicana. Sin embargo, el CEMLA sí sufrió una pérdida cambiaria importante a raíz de una decisión financiera que se había tomado en 1953 relativa a la inversión de los excedentes que la institución había venido acumulando. Ese hecho dio lugar a una intervención de apoyo adicional por parte del banco central mexicano que quedó explicada en el Informe Anual del CEMLA correspondiente a ese año. Reveladoramente, en el presupuesto correspondiente al año siguiente (1955) apareció entre las partidas ingresivas aportadas por el Banco de México un concepto especial bajo el encabezado “Compensación por las pérdidas ocasionadas por la devaluación”. El monto total de ese renglón correspondió a poco más del 31 por ciento de la aportación del Banco de México al CEMLA por concepto de su cuota anual (12 mil dólares). La decisión para este apoyo se dio a conocer en los términos siguientes:

…advertido el Banco de México de las repercusiones adversas que la devaluación podría tener para el Centro de Estudios, sus autoridades ratificaron el ofrecimiento que habían hecho al respecto…[8]

Por desgracia, no se dispone de referencias testimoniales sobre la estancia transitoria del CEMLA primero en el edificio Guardiola del Banco de México y, después, en la Torre Latinoamericana. En compensación, en el orden documental se cuenta al menos con dos fuentes de importancia: un contrato de comodato que se suscribió con el instituto central para que el Centro ocupara algunos espacios en el inmueble Guardiola y el contrato de arrendamiento para los locales que se ocuparon en la Torre Latinoamericana.

Fue el elevado costo de los alquileres en la Torre Latinoamericana lo que llevó a buscar una solución inmobiliaria diferente para la sede del CEMLA. La idea seminal fue proporcionada por el representante de Argentina en la sesión de Asamblea y Junta de Gobierno del CEMLA que se celebró en septiembre de 1962. La idea se aceptó y fue desarrollada a partir de ese momento por el Banco de México. Exactamente dos ovaciones fueron brindadas en ese foro al instituto central mexicano en agradecimiento por el proyecto para el edificio en sus reuniones sucesivas de 1962 y 1963. En la primera de ellas, el representante que hizo el anuncio del proyecto fue el propio don Rodrigo Gómez a quien la Asamblea agradeció “con un aplauso la generosidad de su institución y del Gobierno Mexicano”.[9] A continuación, los detalles del proyecto se dieron a conocer con todos sus pormenores en el Informe Anual del CEMLA correspondiente al año 1963. Seguramente fue el Banco de México la entidad que inició las gestiones para que el Gobierno Federal aceptase aportar en fideicomiso un predio de 1500 metros cuadrados para el edificio del CEMLA. Acto seguido, el proyecto arquitectónico para la construcción del inmueble fue revisado por los Departamentos Legal y de Inmuebles del Banco de México y esas unidades también participaron en la redacción y ejecución del contrato que finalmente se suscribió con una empresa de arquitectos. A continuación, dicha institución convocó a un concurso de constructoras del cual surgió la empresa a la que se adjudicó finalmente el contrato de edificación. Por último, el Banco de México también intervino en una forma definitiva en el plan para financiar la obra, toda vez que la cotización final rebasó de manera importante los fondos originalmente etiquetados para tal finalidad. Así, se explicó en el Informe Anual del CEMLA ya citado que:

… gracias a la buena voluntad de las autoridades del Banco de México, se ha obtenido un financiamiento total de $4,100,000 pesos mexicanos (US $328,000), de los cuales $2,800,000 están constituidos en fideicomiso por el Gobierno Federal en el Banco de México y el $1,300,000 restante lo proporcionará esta última institución…[10]

Consta en la minuta correspondiente de la sesión de Asamblea y Junta de Gobierno que se celebró en Washington, D.C. en octubre de 1963, que el director Javier Márquez había solicitado de los asistentes un reconocimiento para el Banco de México merced a cuyos esfuerzos e interés sería posible que en el futuro el CEMLA pudiera contar con su propio inmueble. El representante del Banco de México en esa sesión, que fue el gerente Mario Ramón Beteta, futuro secretario de Hacienda, agradeció esa felicitación y expresó a continuación “la satisfacción de su institución por la labor técnica y sobre todo de acercamiento latinoamericano que ha cumplido y sigue cumpliendo el Centro de Estudios”.[11]

Como se aprecia, los apoyos del Banco de México en favor del CEMLA se otorgaron en campos diversos y de una forma continua, con el propósito de que el impulso de la naciente institución tuviera la mayor potencia posible. En ese tenor, fueron los propios integrantes de la Asamblea y Junta de Gobierno quienes sugirieron que, de ser posible, las labores de auditoria que requería el Centro fueran realizadas por funcionarios especializados del Banco de México. Esta determinación se tomó a raíz de que el director Márquez solicitara a ese órgano “Incurrir en los gastos que fueran precisos con objeto de realizar una auditoría a fondo de nuestra contabilidad y sistemas administrativos”.[12] La fórmula resultó muy aceptable y eficaz para el Centro, a juzgar por los comentarios que se incorporaron reiteradamente en los informes anuales de la Institución y el tema pasó a conformar un título recurrente en el formato de esos documentos. A manera de ejemplo, en el informe anual para 1963 quedó asentado lo siguiente:

Como es costumbre, se solicitó a la Auditoría General del Banco de México la revisión de la contabilidad del CEMLA por el ejercicio financiero 1961-1962. Así, con fecha 26 de octubre de 1962 esa Auditoría General envió un memorándum a la Dirección del CEMLAdiciendo, entre otras cosas, lo siguiente: ‘tenemos el agrado de expresar a usted nuestra opinión favorable en el sentido de que reflejan (el Balance General y el Estado de Gastos y Productos al 31 de agosto de 1962) razonablemente la situación financiera del CEMLA’.[13]


[1] De Ernesto Fernández Hurtado a Javier Márquez, 12 de abril de 1952, en AHBM.

[2] De Ernesto Fernández Hurtado a Javier Márquez, 26 de septiembre de 1952 en AHBM.

[3] Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos, Acta de la primera Reunión de la Junta de Gobierno, 13 de septiembre de 1952.

[4] Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos, Acta de la primera reunión de la Junta de Gobierno, (13 de septiembre de 1952), pp. 1-2.

[5] De Ernesto Fernández Hurtado a Javier Márquez, op. cit.

[6] Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos, Acta Constitutiva, Artículos XVII y XIX y pp. 1, 4 y 5.

[7] CEMLA, Informe Anual, 1956, p. 2.

[8] CEMLA, Informe Anual, 1954, pp. 3-4.

[9] CEMLA, Actas de la Reunión de Asamblea y Junta de Gobierno, septiembre de 1960, 4 de septiembre de 1962, pp. 5-6 y septiembre de 1963, p. 7.

[10] CEMLA, Informe Anual, 1963, pp. 2-3.

[11] CEMLA, Acta de Asamblea y Junta de Gobierno, octubre de 1963, p. 7.

[12] CEMLA, Informe Anual, 1958, p. 3.

[13] CEMLA, Informe Anual, 1963, p. 3.

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