Habiendo abierto sus puertas a finales de 1952, el CEMLA inició su desarrollo con apego a un enfoque deliberadamente gradualista. En una primera etapa y para consolidar el despegue del Centro, los esfuerzos se concentraron en las actividades relativas a enseñanza. Acorde con la ya mencionada estrategia de avances graduales, es revelador que en septiembre de 1953 la Junta de Gobierno no haya considerado oportuno “dada la escasez de medios de que dispone la institución, entrar por ahora a los otros temas de enseñanza a que se refiere el párrafo indicado del informe…”. Sin embargo, con el paso del tiempo, la acumulación fructífera de experiencias, la obtención de avances continuos y el relajamiento de las restricciones presupuestales por la incorporación de nuevos miembros asociados y colaboradores, el CEMLA pudo diversificar el abanico de sus funciones hasta llegar al definitivo que ha comprendido las siguientes actividades: enseñanza y capacitación, servicios de información, ediciones, investigación, reuniones internacionales y asistencia técnica. Ya sea de manera institucional, a través de su personal o por medios indirectos, el Banco de México participó siempre de manera efectiva en todas las actividades del CEMLA en los campos de especialización enunciados. Y lo hizo desde un principio. Así, ya en el año de despegue de 1953 hubo funcionarios del Banco de México que aparecían en la plantilla de conferencistas y docentes que se logró organizar y también en la matrícula de los becarios que recibieron capacitación.
El llamado Programa de Enseñanza Técnica del CEMLA debió haber cobrado desde su arranque en 1953, un gran prestigio entre los bancos centrales de América Latina. Según todos los indicios, esto ocurrió por las razones siguientes: primero, por la utilidad de sus cursos para contribuir a la capacitación de funcionarios y empleados de esas instituciones o de otros organismos públicos de sus respectivos países. Segundo, por el apoyo que significaron las muy bien pensadas becas que se instituyeron para ese fin y cuya importancia quedó reflejada en el término de “becarios” que se adoptó para referirse a esos capacitandos.
Durante los primeros años del Programa de Enseñanza Técnica la matrícula fue un reflejo fiel de ese periodo en que se logró ir ampliando la vinculación al CEMLA de un mayor número de bancos centrales asociados. Un dato adicional de importancia fue que a todo lo largo del periodo de despegue y consolidación del organismo (digamos de la apertura a la salida del primer director Javier Márquez) la proporción de funcionarios y empleados del Banco de México dentro de los becarios del país en el Programa de Enseñanza Técnica fue mayoritaria, con un promedio para el periodo de 72.9 por ciento y un máximo de 100 por ciento para el año 1965. El otro hecho a destacar es que, sobre todo durante los primeros años del Programa, muchos becarios del Banco de México llegaron posteriormente a ocupar cargos de alta jerarquía en el propio instituto central o en otras entidades del sector público. A manera de ejemplo, en el grupo de becarios del Programa de Enseñanza Técnica de 1956 se encontró por parte del Banco de México el economista Leopoldo Solís, que posteriormente se destacaría tanto por su trayectoria académica y de funcionario en esa institución como por su práctica de reclutar talentos jóvenes en el campo de su especialidad, ofrecerles una formación idónea y después impulsarlos a una carrera profesional de éxitos. De esa política que impulsó Solís surgió, entre varios más, el futuro presidente de México, Ernesto Zedillo, y también quien llegara eventualmente a ser secretario de Hacienda y gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz. El Programa de Enseñanza Técnica de 1957 fue particularmente sobresaliente en cuanto a que contó con capacitandos del Banco de México que en el futuro se convertirían en funcionarios destacados. En la promoción de ese año participó Jesús Silva Herzog Flores, que a la sazón prestaba sus servicios en la importante Oficina Técnica de la Dirección que trabajaba directamente para don Rodrigo Gómez. Años después, Silva Herzog llegaría a secretario de Hacienda de México y posteriormente a director del propio CEMLA en el periodo 1986 a 1989. Formó también parte de esa camada de 1957 el abogado Francisco Borja Martínez, de destacada y prolongada trayectoria posterior en el Banco de México. La lista de casos semejantes se enriquece e ilustra con José Juan de Olloqui (1957), Antonio Ortiz Mena Salinas (1959), Javier Vega Manzo y Sergio Sánchez Griner (1960), Antonio Campos Andapía (1961) y Luis Malpica Lamadrid (1967), todos ellos vinculados en su momento laboralmente con el Banco de México.
De 1953 a 1970 exactamente 34 funcionarios del Banco de México participaron como profesores y conferencistas en el Programa de Enseñanza Técnica creado y desarrollado con ahínco por el CEMLA. El programa no dejó de impartirse en ningún año a manera de que para 1970 había llegado a su edición 18, en la cual tomaron parte como docentes siete funcionarios del Banco de México. Ese año Leopoldo Solís impartió la importante materia “Relaciones entre la política monetaria y la política fiscal” y Jesús Silva Herzog Flores “Política Monetaria”. Los profesores restantes fueron Antonio Suárez, McAuliffe con “Elementos fundamentales de Estadística y Matemáticas aplicadas a la Economía”, Ignacio Fuentes con “El uso de los instrumentos de Política Monetaria para el Desarrollo Económico” y Pedro Dondé Escalante con “Desarrollo Económico”. En comparación, en la primera edición del Programa que se impartió en 1953 los profesores por parte del Banco de México habían sido Ernesto Fernández Hurtado, Héctor Hernández Cervantes y Rafael Urrutia Millán en “Banca Central y Política Monetaria” y Octaviano Campos Salas a cuyo cargo estuvieron las materias “Análisis de Estadísticas Monetarias” y “Análisis de Balanza de Pagos”. Asimismo, en esa etapa inicial del CEMLA también actuaron como docentes en el Programa Básico funcionarios que habiendo trabajado previamente en Banxico, habían dejado la institución para prestar sus servicios en otras entidades. Fue el caso de Raúl Martínez Ostos (Nacional Financiera) con la materia “Banco de México” en la edición del programa de 1958 y Víctor Urquidi (CEPAL) con “Desarrollo Económico de Bolivia”.
De los funcionarios arriba mencionados, Ernesto Fernández Hurtado llegó a director general del Banco de México (1970-1976) y Octaviano Campos Salas fue secretario de Industria y Comercio (1964-1970) al igual que posteriormente Héctor Hernández Cervantes (1982-1988). En ese mismo orden, tres futuros secretarios de Hacienda fueron en algún momento profesores en el CEMLA mientras prestaban sus servicios en el Banco de México: Mario Ramón Beteta con los cursos “Banco de México” (1958 y 1959), Gustavo Petriccioli “Teoría Monetaria” (1963) y “Banca Central” (1965) y Jesús Silva Herzog Flores “Técnicas y Problemas del Mercado de Capitales” y “Política Monetaria”. Hubo en el Programa Básico otros docentes del Banco de México que posteriormente llegaron a tener una trayectoria profesional sobresaliente. En 1961 el economista agrícola Edmundo Flores impartió dentro de ese programa la materia “Reforma agraria y desarrollo económico”, Sergio Ghigliazza, quien llegaría a ser director del CEMLA tuvo a su cargo la materia “Teoría Económica” y Javier Vega Manzo –amigo muy cercano del futuro presidente Miguel de la Madrid– fue el titular de los cursos “Estructura jurídica de los instrumentos negociables” (1959, 1960, 1961 y 1963) y de la materia “Problemas Legales” que formó parte del programa en el año 1967. Fue hasta 1961 cuando las autoridades del CEMLA dieron con la fórmula de los cursos mancomunados. La experiencia pionera se dio con la asignación conjunta a Ernesto Fernández Hurtado y Gustavo Petriccioli de la materia “Banca Central” y, ya abierta la brecha, en 1963 Miguel Mancera y Leopoldo Solís impartieron al alimón “Teoría Económica” y Octaviano Campos Salas y Rodolfo Villarreal “Balanza de Pagos”.
El propio Banco de México fue objeto de interés como tema para los cursos de ese Programa y entre las sugerencias que se recibían de los becarios se recabó en el año 1955 la propuesta de que se incluyera una materia en relación al funcionamiento y organización del Banco de México. Tanto el CEMLA como el instituto central de México reaccionaron en consecuencia y en 1960 un alto funcionario administrativo de esa institución, Alberto de la Peña, impartió el curso que reveladoramente llevó por título “Organización del Banco de México”. En cuanto a frecuencia, el profesor del Banco de México más asiduo en el Programa Básico fue Ernesto Fernández Hurtado que tuvo a su cargo las materias “Banca Central y Política Monetaria” (1953, 1954, 1955, 1966 y 1967) y “Política Monetaria” en 1958 y 1959 y según se ha dicho, mancomunadamente en 1961 con Gustavo Petriccioli. Fernández Hurtado, cabe recordarlo, llegó a convertirse desde principios de los años cincuenta en el funcionario de apoyo más cercano que tuvo en el Banco de México Rodrigo Gómez. Le siguió en perseverancia como docente del Banco de México en el Programa Básico Octaviano Campos Salas quien impartió los cursos “Análisis de las Estadísticas Monetarias” (1953), “Análisis de la Balanza de Pagos” (1953, 1954, 1956, 1961 y 1962), “La Balanza de Pagos” (1959) y posteriormente en 1963 esa misma materia pero ya de manera compartida con Rodolfo Villarreal. El otro docente del Banco de México con gran perseverancia en el Programa Básico del CEMLA fue el connotado criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón que actuó como titular en los siguientes cursos: “Prevención de delitos” (1954), “Problemas de personal en la banca central” (1956 y 1957), “Técnicas de selección de personal” (1960 y 1961) y “El billete de banco” (1960, 1961, 1962 y 1963).
A pocos años de iniciar el despegue del CEMLA en cuanto a actividades docentes, la institución también empezó a poner en ejecución otros programas de enseñanza. El caso pionero fue un programa sobre crédito agrícola en cuya cuidadosa planeación participó en el año 1956 el economista del Banco de México Octaviano Campos Salas. También en ese año se preparó el proyecto para un “curso especializado en cuentas nacionales para estudiantes de países Latinoamericanos” en cuyo desarrollo participó como secretario Antonio Calderón en un comité de ocho funcionarios que presidió William I. Abraham de las Naciones Unidas y entre los participantes de la primera edición de ese programa intervinieron por parte del Banco de México Carlos Martínez Cerda y María del Carmen Sánchez Córdoba (Carmelita). El siguiente avance se dio en 1957 con la propuesta del curso “Estadísticas Financieras y su Análisis” en cuya redacción intervino junto con otros técnicos de alto nivel (entre ellos, Robert Triffin de la Universidad de Yale) Octaviano Campos Salas del Banco de México. Ya durante la década de los sesenta (1964), se lanzó el Programa de Enseñanza Técnica sobre Cuentas Nacionales Integradas y en su segunda edición estuvieron entre los capacitandos los investigadores del Banco de México María Isabel Sauza de Arias y Raúl Navarro Lara.
Mayor impulso logró el CEMLA a raíz del establecimiento en 1960 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Un segundo programa mancomunado con ese organismo se puso en ejecución en 1965, “Programa de Enseñanza Técnica BID-CEMLApara Instituciones de Fomento en América Latina”, y entre los profesores de la segunda edición sobresalieron por parte del Banco de México Rafael Izquierdo con la materia “Estructura económica de América Latina” y Antonio Enríquez Savignac con “Organización y administración de empresas”. Asimismo, en 1963 estuvo como alumna por parte del instituto central del país en la décima edición de ese programa Gloria Vargas y Campos del Departamento de Investigaciones Industriales. Incidentalmente, en 1967 se puso en marcha el Programa de Enseñanza Técnica sobre Análisis y Política Financiera y en esa primera edición el profesor de Teoría Monetaria fue Jesús Silva Herzog Flores del Banco de México y en su segunda edición a cargo de Sergio Ghigliazza, de la misma institución, estuvo la materia “Experiencias de México en programas financieros”. Por último, en el año de 1969 se lanzó el importante Programa de Enseñanza Técnica sobre Financiamiento del Desarrollo Económico y entre los docentes participaron, por parte del Banco de México, los economistas Adolfo Crespo y Sabás Francia y entre los capacitandos estuvieron Francisco V. Velázquez del Departamento de Estudios Económicos y, el año siguiente, René Rentería con esa misma adscripción.[1]
La política de apoyo al CEMLA fue integral en el sentido de brindarle respaldo en todas sus líneas de actividad. El que esos apoyos parecieran concentrarse en las actividades de enseñanza se explica porque fue el ámbito en el que se iniciaron las labores del Centro, además de que, por muchos años, fue la función principal y a la que se prestó mayor atención y recursos. Sin embargo, tan pronto el CEMLA empezó a desarrollar a los pocos años de su inauguración otras labores vinculadas con información y publicaciones también en esos ámbitos se hicieron explícitas las ayudas del Banco de México. Éstas se ofrecieron siempre de manera muy discreta, pero con frecuencia los hechos hablan más que las palabras. Desde otra perspectiva, quizá menos institucional, este apoyo se concretó en colaboraciones escritas por funcionarios y técnicos del Banco de México que se publicaron en los distintos proyectos editoriales que puso en ejecución el CEMLA: publicaciones periódicas o la edición de libros. Ya desde 1954 el CEMLA buscó la opinión de “un grupo de economistas y altos funcionarios del Banco de México” antes de lanzar el proyecto de un boletín quincenal “sobre acontecimientos económicos en Estados Unidos que puedan tener interés para los bancos centrales de América Latina”… y sobre “la situación de los mercados para los principales productos de importación de América Latina y sus perspectivas según fuentes autorizadas”.[2]
Al menos hasta el año 1970, apenas cuatro libros de los muchos que publicó el CEMLA desde su establecimiento fueron de la autoría de funcionarios del Banco de México o de autores que previamente habían prestado sus servicios en el instituto central. Este último fue el caso de Víctor L. Urquidi (quien trabajara en la institución de 1940 a 1949) y que fue el autor de la obra editada en 1960 Trayectoria del Mercado Común Latinoamericano. Tres años después, el Centro editó Las sociedades financieras privadas en México de Antonio Campos Andapia y dentro de la serie editorial “Ensayos” El sistema bancario mexicano y el banco central de Mario Ramón Beteta. Finalmente, en 1967 se dio a conocer con bastante éxito un libro de la autoría mancomunada de Leopoldo Solís y el economista estadounidense Dwight S. Brothers Evolución financiera de México.[3]
El caso de las publicaciones periódicas que tuvo el CEMLA fue un poco diferente en el sentido de que en esos instrumentos la colaboración de funcionarios del Banco de México fue menos nutrida y frecuente. Más que una forma de apoyo al CEMLA, la participación del Banco de México y de sus funcionarios como autores en las publicaciones del organismo se explicó por el interés en dar a conocer textos o documentos cuya difusión se consideraba conveniente. De las varias publicaciones que tuvo el CEMLA desde su inauguración a principios de los setenta, tan sólo hubo colaboraciones oficinales de la autoría del Banco de México en el “Suplemento” del Boletín Quincenal y luego de su creación en 1965 en el Boletín Mensual. Las tres colaboraciones de esta última naturaleza tuvieron que ver con mecanismos o temas específicos de la integración económica latinoamericana o centroamericana. De hecho, dos de ellos se publicaron mancomunadamente con la Comisión de Cooperación Centroamericana. El primer documento de esa naturaleza que se publicó en el Boletín Mensual con la coautoría del Banco Central de la República Argentina, fue sobre un “Procedimiento Técnico Bancario” anexo a un convenio de crédito recíproco que se había suscrito entre los institutos centrales de ambos países. Otros cuatro documentos de esa naturaleza fueron publicados por el Boletín Mensual hasta el año 1972.[4]
A diferencia de las colaboraciones institucionales, las de funcionarios del Banco de México se publicaron en el boletín y en el suplemento, mientras existió, en la revista Técnicas Financieras y en algunas series editoriales del organismo como la denominada “Ensayos”. Bajo ese último sello editorial se publicó El sistema bancario mexicano y el Banco Central de Mario Ramón Beteta. En cuanto al boletín y a su suplemento, en la edición de julio de 1957 se publicó de la autoría mancomunada de Ernesto Fernández Hurtado y Eduardo Villaseñor el texto “L’Experiense monetaire du Mexique”. Por su parte, en el suplemento se publicaron en mayo y julio de 1958 los textos de Arturo y Antonio Ruiz Esquihua “El encaje legal en México” y “Estímulos a la industria mediana y pequeña en México”. Ya en la época del Boletín Mensual, entre 13 publicaciones de la naturaleza comentada hubo textos de Rodrigo Gómez (“Algunos Comentarios” y “El Banco Central y los problemas del financiamiento del desarrollo”), de Ernesto Fernández Hurtado (“Mayor acento expansionista de la política crediticia mexicana” y “Reflexiones sobre algunos aspectos de la reforma al sistema monetario internacional desde el punto de vista de los países en desarrollo”) y Miguel Mancera Aguayo (“Evolución del sistema mexicano de financiamiento a las exportaciones de productos manufacturados”). Por último, de las 20 colaboraciones de funcionarios del Banco de México que aparecieron en la revista Técnicas Financieras tres se publicaron bajo la autoría de Rodrigo Gómez, uno de Ernesto Fernández Hurtado y otra más de Leopoldo Solís.
Los apoyos del Banco de México al CEMLA también se manifestaron en otras actividades del organismo como fueron las investigaciones, las asesorías técnicas e institucionales y la organización de reuniones de preferencia internacionales. Así, durante el periodo crítico de despegue llegó al CEMLA, contratado y pagado por el Banco de México, el economista de nacionalidad ecuatoriana, Gustavo Polit, con la encomienda de realizar investigaciones sobre el tema “liquidez bancaria”.[5] Pocos años después, en ocasión de que el CEMLA contratara al economista estadounidense Frank Tamagna para desarrollar una importante metodología que permitiría medir el ahorro en una economía, el Banco de México, al igual que Nacional Financiera, comisionó a un grupo de técnicos a fin de que prestaran su ayuda en tan importante proyecto de investigación. Poco tiempo después, en 1960, el subdirector general del Banco de México, Ernesto Fernández Hurtado, tuvo una intervención clave en la planeación del proyecto de investigación “El uso de los instrumentos de política monetaria en América Latina” cuyo título se cambió en 1963 a “La Banca Central en América Latina”. Asimismo, los economistas del Banco de México también intervinieron como asesores en el proyecto del cual emanó el importante libro de O. Ernest Moore Evolución de las Instituciones Financieras en México y en la revisión final de dicha obra. Por último, ya hacia finales del Desarrollo Estabilizador la participación del CEMLAen reuniones internacionales empezó a cobrar una importancia creciente y en 1965 participaron en la preparación de materiales para la VIII Reunión Operativa “economistas prestados por el Banco de México” (sic.) y en el programa correspondiente apareció como expositor Leopoldo Solís del Banco de México con la ponencia “Análisis de las experiencias del mercado de capitales en México”.[6]
Al igual que en el caso de su predecesor, el economista Jesús Silva Herzog Flores, el trasfondo del nombramiento de Sergio Ghigliazza a la dirección del CEMLA estuvo conformado por la influencia del Banco de México, y de México como país sede, en ese organismo. Dentro de la hoja de servicios de Ghigliazza había una larga trayectoria de vinculación con el organismo empezando con su participación como capacitando en 1957 en el Programa Técnico Básico. En los años subsiguientes y teniendo como fundamento su calidad de funcionario de ese instituto central, Ghigliazza actuó en el CEMLA como conferencista, autor de textos publicados y participante en muchas reuniones organizadas por el organismo. Y no fueron pocas las veces en que esa participación se materializó en razón de la larga trayectoria de trabajo en el Banco de México en donde el economista Ghigliazza tuvo ascensos continuos hasta llegar a ocupar por largos años el segundo cargo en importancia dentro de la institución tan sólo por debajo del director general y luego gobernador Miguel Mancera.
En lo concreto, la decisión de ofrecerle a Ghigliazza la cabeza del CEMLA se dio en una circunstancia muy especial. En el contexto de un evento internacional la casualidad quiso que se encontraran un grupo de economistas egresados de la Universidad de Yale que, además, habían decidido dedicarse a la banca central y, por añadidura, habían conseguido escalar a las posiciones más altas de dichas instituciones en sus respectivos países. Se trataba de Miguel Mancera, a la sazón Gobernador del Banco de México, y de sus colegas Andrés Bianchi del Banco Central de Chile, Adolfo Diz del Banco de la República Argentina y de Ghigliazza como condiscípulo de aquellos funcionarios. Así, ante la separación de Silva Herzog del CEMLA, surgió la idea y se tomó la decisión de impulsar su candidatura para que se convirtiera en el sucesor. Ya debidamente instalado en ese cargo, y sin que mediara acción alguna de su parte, del Banco de México provino la gestión para que se elevara el sueldo que percibía Ghigliazza como Director del CEMLA. El promotor de esa decisión dentro de la Junta de Gobierno de ese instituto central había sido el Subgobernador Ariel Buira, experto en organismos financieros internacionales.[7]
Javier Guzmán Calafell también llegó a la cabeza del CEMLA con un gran apoyo por parte del Banco de México. Contaba entre sus antecedentes con el hecho de haber administrado las relaciones de ese instituto central con el Centro por haber tenido a su cargo el vínculo general con los organismos financieros internacionales. La trascendencia de esa función se incrementó de manera sin precedentes a raíz de la creación del Comité de Alternos y del Comité de Auditoría. Aún en mayor medida requeriría del respaldo del Banco de México durante el inicio de su encomienda en razón del importante plan de recuperación que tenía en mente implantar para el Centro. La preparación del programa de recuperación, estuvo a cargo de manera total del recientemente nombrado Director Javier Guzmán. Si acaso, en el diseño se contó con la asesoría de su antecesor Kenneth Coates. Sin embargo, para la instrumentación de dicho plan, sí requirió y recibió la ayuda requerida por parte del Banco de México. Esto, en la medida en que sin un mayor presupuesto sería imposible llevar a cabo el plan de recuperación. Todo en la vida requiere de recursos y las cuotas que los miembros del CEMLA aportaban al organismo se habían mantenido estancadas en términos nominales desde 1985. Así, el apoyo del Banco de México en la forma de ejercer su poder de convocatoria para el ajuste de las cuotas resultó vital.
La administración del CEMLA a cargo de Javier Guzmán recibió otras ayudas muy importantes por parte del Banco de México. Estas ayudas se expresaron en varios campos. Por ejemplo, en cuanto a la restauración del edificio el instituto central prestó asesorías muy valiosas y gratuitas respecto de la revisión del proyecto, la celebración de las licitaciones, la supervisión de las obras, etc. Es decir, los apoyos que brindaron los ingenieros y los arquitectos adscritos al Banco de México resultaron de una gran utilidad y contribuyeron a reducir los costos de manera importante. En un momento dado, el Banco de México hasta contribuyó generosamente al pago de cuotas atrasadas del impuesto predial. Otro ámbito en el que se recibieron apoyos del Banco de México fue en cuanto a la administración del fondo de pensiones. Un rubro adicional en que se recibieron apoyos, generosos y desinteresados, fue en materia de asesoría legal para lo cual incluso se suscribió un convenio. En resumen, la administración que encabezó Guzmán Calafell logró implantar con resultados muy satisfactorios el plan de rehabilitación que había discurrido. No obstante, cabe reconocer la importancia de los apoyos que para tal fin recibió del Banco de México.[8]
La política de apoyo del Banco de México en favor del CEMLA también tuvo expresión en la organización de reuniones internacionales, función que fue cobrando cada vez mayor importancia, sobre todo a partir de 1965 en que el Centro asumió la Secretaría Técnica de foros como la Reunión de Gobernadores de Bancos Centrales del Continente Americano. Ya desde 1954 un alto funcionario del Banco de México había participado en la planeación de un evento pionero que fue la “Reunión de Auditores sobre Problemas de Control Operativo Interno de Bancos Centrales”. Dos años después, en 1956 “se celebró en el país, actuando como banco anfitrión el Banco de México” después de que también había intervenido en su planeación, la “Reunión sobre Mecanización en los Bancos Centrales”. Poco más adelante, representantes de ese instituto central colaboraron en la preparación de las ediciones IV, V, VI y VII de la que se conoció en su momento como Reunión Operativa. Por cierto que en ese último foro, el Banco de México tuvo una intervención clave al actuar como anfitrión y muy importante de la edición que tuvo por tema “La Contribución de los Sistemas Financieros a la Integración Económica de América Latina”, una cuestión que en esa época era de gran interés para el director general, Rodrigo Gómez.[9]
En suma, la creación del CEMLA y luego su fortalecimiento se inscriben en una vocación del Banco de México que había tenido diversas expresiones desde las épocas iniciales de ese instituto central. En el periodo inicial del Banco el primer director general, Alberto Mascareñas, concibió e impulsó la Escuela Bancaria (que subsiste con gran éxito) y el Departamento de Turismo, (antecedente histórico de las políticas e instituciones posteriores para promover esa actividad). Posteriormente, el director Eduardo Villaseñor discurrió el establecimiento del Departamento de Investigaciones Industriales y apoyó el surgimiento del Centro Nacional de Productividad. Tiempo después, ya afianzado don Rodrigo Gómez como una figura de gran influencia en el Banco de México, se inició la formación de los fideicomisos de fomento con base en una idea que había surgido en el propio instituto central. Aunque hubo algunos antecedentes en las postrimerías de la década de los cuarenta, ese enfoque se consolidó con el establecimiento del FIRA en 1953. En el fortalecimiento de esa estrategia tuvo una participación también muy relevante al lado de don Rodrigo Gómez, el economista Ernesto Fernández Hurtado, que a la muerte de aquél sería su sucesor a la cabeza de la banca central. En el caso del establecimiento del CEMLA, a la muy loable intención heredada de Daniel Cosío Villegas de “hacer algo por México” se agregó una motivación adicional que fue muy clara en el corazón de don Rodrigo Gómez: que México jugara un papel de liderazgo en la cooperación económica de los países de América Latina y, en particular, de los bancos centrales del subcontinente.
[1] CEMLA, Informe Anual, ediciones de 1956, (Anexos 6 y 8); 1957 (Anexos 4 y sin número), 164, p. 11; 1965 (Anexos E, F y G); 167 (Anexos C y D); 1968 (Anexo 8); 1969 (Anexo 7) y 1970, p. 8 y Anexo 7.
[2] CEMLA, Informe Anual, 1954, p. 6.
[3] CEMLA, Informe Anual, 1960 p. 12, 1963 pp. 31 y 32 y 1967 p. 27.
[4] CEMLA, Boletín Mensual, (enero de 1966-abril de 1968), febrero de 1971 y junio de 1972.
[5] CEMLA, Informe Anual, 1955, p. 4.
[6] CEMLA, Informe Anual, 1955, p. 4; 1958, pp. 16 y 21; 1959, p. 16; 1961, p. 19; y 1965, pp. 16 y 28.
[7] Entrevista Sergio Ghigliazza García con ETD, abril de 2013.
[8] Entrevista Javier Guzmán Calafell-ETD, mayo de 2013.
[9] CEMLA, Informe Anual, 1954, p. 5; 1955, p. 6; 1956, p. 9; 1958, pp. 9-10 y 14-15; 1960, pp. 14-15; 1961, pp. 16-17 y 1963, pp. 18-23.