Dada la importancia administrativa para el Banco de México de su fábrica de billetes, habría sido de esperarse que en el archivo histórico de la institución se hubiesen conservado con gran cuidado la totalidad de los documentos correspondientes al proyecto. La realidad dista mucho de que así ocurriese y los motivos de la omisión son un misterio. ¿Pudo ser atribuible el vacío a las preocupaciones que por motivos de seguridad deben rodear a esas instalaciones en las que no sólo se fabrica papel moneda sino se tienen amplias bóvedas para la custodia de las existencias en reserva y la conservación de otros valores y activos? ¿O la omisión fue una expresión más de la excesiva modestia con la cual Rodrigo Gómez se conducía respecto de los proyectos de su inspiración y desarrollo? Cualquiera que pueda haber sido la causa, la comparación entre los papeles sobre el tema con que se cuenta y las que faltan muestra un inmenso predominio de estos últimos. Lamentablemente, faltan en ese acervo el proyecto general para la fábrica, los planos tanto del inmueble como de la planta, datos sobre la construcción, contratista y arquitectos, los detalles del terreno que se adquirió para la obra, información sobre el personal que se designó para la fábrica incluyendo su cabeza, el ingeniero Fausto Urencio, y mil aspectos más que hubiera sido formidable rescatar para la posteridad. Pero no todo quedó perdido. Las líneas que siguen encontraron apoyo en los documentos sobre la fábrica que sí subsisten en el archivo.
Entre los documentos relativos tiene una relevancia especial el oficio de la Secretaría de la Presidencia (Dirección de Inversiones) del 30 de abril de 1963 en que se comunicó al Banco de México el permiso para “la construcción e instalación de una fábrica de billetes de Banco”. Suscrito ese oficio por el titular de esa dependencia, Donato Miranda Fonseca, y dirigido a la atención del “C. Rodrigo Gómez, director general del Banco de México, S.A.”, el mensaje principal de la comunicación era que “en relación a su atento oficio de fecha 29 de marzo último… el señor presidente de la República autorizó una inversión de $49 098 125.00 (Cuarenta y nueve millones noventa y ocho mil ciento veinticinco pesos 00/100 M.N.)” para los fines señalados. Por parte del Banco de México el documento muestra en su margen izquierda un manuscrito refrendado por una firma ilegible con la siguiente leyenda: “Original en libreta al Sr. H. L. Gerente 2-V-63”. A continuación agrega el manuscrito: “Copia en persona al Lic. EFH, Subdirector; Copia al Ing. Fausto Urencio, Subjefe de Investigaciones Industriales”.[1]
Según el oficio citado, la inversión autorizada se ejercería con recursos propios del Banco de México, y en la medida en que se llevaran a cabo los avances deberían informarse “a la Dirección de Vigilancia de las Inversiones Públicas y de los Subsidios Federales” de la propia Secretaría de la Presidencia. Asimismo, se aclaró en la comunicación que “cualquier cambio en el monto o destino de la inversión aprobada, deberá ser previamente sometido a la consideración del presidente de la República” a través de esa Secretaría. Como dato casi curioso se agregó en el oficio que dentro del presupuesto autorizado “no se encuentra comprendida la adquisición de automóviles”. Resulta extraño que el desglose de la inversión correspondiente no se presentase en orden descendente por la magnitud de las cantidades, como se hace a continuación. Destaca desde ese punto de vista que los renglones relativos a maquinaria y equipo y su instalación absorbieron más del 68 por ciento del presupuesto del proyecto. Lo anterior, como indicación de la gran importancia que tendría para el desarrollo del proyecto el proveedor de la maquinaria y equipo:
Adquisición de Maquinaria y equipo de producción |
29,912.5 |
Montaje e instalación de la maquinaria y equipo |
3,750.0 |
Construcción del edificio e instalaciones auxiliares |
8,317.5 |
Adquisición de muebles, enseres y vehículos de trabajo |
2,650.0 |
Elaboración de los primeras originales y planchas de impresión |
1,172.0 |
Elaboración de los últimos originales y planchas de impresión |
500.0 |
Adiestramiento de personal: Directivo |
456.3 |
De mando |
203.1 |
De operación |
545.0 |
Prueba y puesta en marcha de las diferentes unidades |
500.0 |
Varios |
800.0 |
Total: |
48,806.4 |
¿La cantidad autorizada para la fábrica de billetes del Banco de México era relativamente muy grande o pequeña en términos de otras inversiones públicas de la época?
A diferencia, no existe en los papeles históricos del Banco de México detalle de los argumentos que expuso en el Consejo el director Rodrigo Gómez en favor de que el Banco de México tuviese su propia fábrica de billetes. Con toda lógica, éstos debieron estar apoyados en razones de soberanía monetaria y de ventajas económicas. Nadie en su sano juicio pondría en duda la validez de la soberanía monetaria, que se entiende como la facultad indiscutible e imprescriptible de un país para emitir su propia moneda. De manera tácita, con el paso del tiempo también fue incorporándose en el ámbito de la soberanía monetaria el derecho de las naciones a fabricar autónomamente sus billetes a través de sus bancos centrales. De ahí la muy importante tendencia histórica detectada por el autor Klaus Bender a que después de la Segunda Guerra Mundial los países del mundo buscaran establecer su propia fábrica de billetes. Si esta tendencia únicamente se hubiera apoyado en razones económicas y en concreto en las economías de escala muy visibles que se presentan en la fabricación de billetes, tal vez países pequeños como Bélgica, Austria o Italia no se hubieran molestado en establecer sus propias imprentas monetarias. Pero no ocurrió de esa manera por razones de prestigio nacional, orgullo nacionalista y valoración de la soberanía monetaria.
En el otro lado de la moneda estuvieron también las razones de tipo económico. La obtención de economías de escala es una de las razones, aunque ciertamente no la única, para que el mercado de fabricantes de billetes tuviera y siga teniendo una estructura oligopólica tan marcada. También en otros ramos manufactureros, como la industria automotriz, se imponen en forma muy tajante las economías de escala y eso es lo que da lugar a que en esos rubros las barreras de entrada sean altas. Si en las décadas de los cincuenta y sesenta ya eran pocos en el mundo los fabricantes privados de billetes, la tendencia a la concentración se fortaleció aún más hacia finales del siglo XX. Fue posiblemente por este factor de costos de producción descendentes que en una forma un tanto críptica Rodrigo Gómez señaló en el Consejo de Administración que se habían alcanzado los volúmenes de circulación que permitían que operando su propia fábrica el Banco de México podría a la larga hacer muchas economías en la fabricación de sus billetes. Ello, al abrirse una brecha significativa entre los precios de venta por parte de un proveedor externo y los costos de producción en una imprenta propia.
Por años corrió el rumor en el Banco de México de que la American Bank Note Co. había puesto una gran oposición a que el país estableciera su propia fábrica de billetes. Sin embargo, la información disponible de la época relativa a los nexos con la ABNCo no permiten validar esa idea. Incluso, en sentido contrario a esa especie, las relaciones entre ambas instituciones parecieron seguir siendo muy cordiales y de hecho se planteó seriamente en su momento la posibilidad de que la ABNCo fuese proveedor de maquinaria y aportase asesoría para la instalación de la fábrica. En ese ambiente de relaciones cordiales, el vicepresidente de la ABNCo Murray Wise acompañado de otro alto funcionario de la empresa visitaron la ciudad de México a principios de 1963 y fueron recibidos por el director Rodrigo Gómez. En la correspondencia alusiva a ese hecho, el señor Wise hizo referencia al agradecimiento de su firma por la decisión que se había tomado respecto del billete de un peso, seguramente en referencia a la orden de impresión de 100 millones de piezas aprobada por el Consejo el 7 de junio de 1965. El otro asunto tratado en esa carta se refería a la recomendación que había extendido Rodrigo Gómez para que la ABNCo fuese tomada en cuenta como posible proveedor del programa de emisión de bonos que la Secretaría de Hacienda pondría en ejecución ese año de 1963.[2]
Aprovechando la recomendación del banquero central el propio vicepresidente Wise envió una carta−propuesta al secretario Ortiz Mena ofreciendo los servicios de su empresa para el programa que se estaba fraguando de “emitir bonos externos en este país”. Wise agregó que no conocían los pormenores de ese programa “salvo que Kuhn & Loeb y First Boston habían sido designados como agentes colocadores”. A continuación venía la propuesta de negocio, ya que como una empresa conocida internacionalmente “por su confiabilidad y por la calidad de sus grabados y capacidad para la impresión”, la ABNCo pensaba que se encontraba en excelente posición para ofrecer a México un servicio de máxima calidad al garantizar “la seguridad por ustedes deseada en la manufactura de sus bonos”. En su carta Wise agregó que la ABNCo era “el productor líder en su país de bonos gubernamentales y títulos corporativos” y que por esa razón se le había encomendado “la producción de casi todos los títulos de las emisiones de otros países que se ofrecen aquí al público inversionista”. Y para fortalecer aún más su posición, Wise hizo referencia a los vínculos de trabajo que por décadas había mantenido la ABNCo con el banco central de México.
“[Usted, secretario Ortiz Mena], seguramente se encuentra informado que desde el establecimiento del Banco de México hemos sido ininterrumpidamente su proveedor de billetes y previamente también fuimos fabricantes de los billetes que emitieron algunos de los bancos de los estados de su país. De hecho, hemos servido lealmente a México por cerca de casi un siglo. Se ha tratado todo el tiempo de una relación excelente de la cual estamos orgullosos”.[3]
Pero la comunicación clave respecto de la fábrica de billetes y la ABNCo se produjo en enero de 1964 enviada por Rodrigo Gómez a la atención del presidente de la firma, W.F. Colclough. En su entrada, la carta hacía referencia “a las diversas charlas y comunicaciones” sostenidas por ambas instituciones “en relación con el proyecto de las autoridades mexicanas de establecer en México una fábrica de billetes de banco…”. A continuación, “… la puesta en ejecución de dicho proyecto se había acordado por las autoridades mexicanas, en virtud de haber aumentado en medida suficiente la circulación en el país”. De ahí la determinación de que “la fabricación de billetes [fuera] en lo sucesivo realizada exclusivamente bajo la dirección y el control del Banco de México”. Según la misiva, en la experiencia del banco central mexicano no había queja alguna respecto de los trabajos contratados con la ABNCo. “Durante varias décadas hemos tenido magníficas relaciones; ha habido la mayor armonía y ustedes han cumplido todos los compromisos con absoluta seriedad”. A lo largo de esa larga relación con el Banco de México “la calidad de los billetes, dentro del tipo que fabrica la American Bank Note Company, ha sido siempre muy elevada y estrictamente de acuerdo con los contratos celebrados”. Por todo lo expuesto, “… después de tomada la decisión y de establecida la nueva imprenta” el Banco de México pensaba que “las necesidades de billetes de México continuar[ían] permitiéndonos, durante bastante tiempo, requerir los servicios de impresión de billetes de la American Bank Note Co.”.[4]
A continuación, la carta de Rodrigo Gómez se refería a la participación que la ABNCo pudiera tener primero en el establecimiento de la fábrica de billetes del Banco de México y luego en su funcionamiento. De hecho, en el instituto central mexicano se había recibido una comunicación de esa empresa con fecha 10 de enero de 1964 en la que sus directivos habían extendido su anuencia respecto “a la oportunidad de continuar las conversaciones relativas al proyecto de referencia”. Según el director del Banco de México, ya en reuniones anteriores se les había explicado a esos funcionarios el “interés en que el proyecto en cuestión tenga intervención de la American Bank Note Company”. A tal fin, Rodrigo Gómez le solicitaba al presidente Colclough que en la firma que encabezaba prestaran consideración a “los aspectos pertinentes que podría tener esta relación y tendremos mucho gusto en escuchar de sus representantes, en el futuro inmediato, las ideas que tuviera[n] al respecto”.
Sin embargo, a pesar de todas las buenas intenciones, por razones de tipo técnico no fue posible conseguir que la ABNCo pudiese participar en el establecimiento de la fábrica de billetes de México. A tal respecto, obra en el archivo del Banco de México un documento sin firma, membrete ni fecha que no obstante resultó una joya de información sobre el tema de interés.[5] El documento contiene una síntesis de la evaluación técnica que se había llevado a cabo de las ofertas que para el “establecimiento de una fábrica de papel moneda con capacidad de producción en un turno diario de 300 millones de billetes por año” habían presentado al Banco de México las firmas American Bank Note Co., Organisation Giori y Thomas De la Rue Engineering Ltd. En el documento se presentó “un análisis resumido de las ventajas y desventajas correspondientes a cada proposición en los aspectos técnicos y económicos más relevantes”. El importante documento se separa en nueve secciones y el índice es revelador de los temas cruciales tratados:
Desde el inicio de la sección “Maquinaria y equipo” se empieza a tener indicios de las conclusiones a que finalmente se llegará al cierre del documento. En la parte introductoria del inciso “Equipo de impresión y grabados” se afirma textualmente que “el equipo de impresión más adecuado técnicamente es el propuesto por Organización Giori”. A continuación se exponían las razones en apoyo de esa afirmación bajo tres encabezados: “Facilidad de elaborar un billete con las normas modernas de protección”, “Costos de producción” y “Número y grado de preparación del personal técnico requerido”. En términos de la capacidad para imprimir un billete “con las normas modernas de protección”, el documento explicaba que mientras las prensas de ABNCo y Giori imprimían los fondos en offset seco simultáneamente en ambos lados del papel, los equipos propuestos por De la Rue imprimían en litho-offset y tan sólo por un lado. Esta última característica hacia esas prensas poco favorables para lograr un registro perfecto en ambos lados del billete. Pero el argumento de mayor peso vino a continuación:
“Teniendo en cuenta que en un billete de banco la calidad de los grabados impresos reside en su profundidad y en el número y composición de los colores, las prensas intaglio propuestas por Organisation Giori resultan más ventajosas. [Ello, en razón de que] puedan imprimir grabados de profundidad adecuada y además son las únicas que lo logran hasta en tres colores en una sola pasada del papel, obteniéndose un perfecto registro (sic), lo cual sería difícil de alcanzar en las otras máquinas al tener que pasar la misma hoja de papel por las prensas dos o más veces”.
El siguiente punto tratado fue respecto del “Equipo para la elaboración de planchas”. En cuanto a “Facilidad de preparación de las planchas”, únicamente las propuestas de Giori y De la Rue incluían “el equipo de estampado en plástico y electro-depósito de cobre para transferir los grabados a las planchas de impresión calcográfica”. En comparación con el método de transferencia a base de presión mecánica que proponía la ABNCo, el procedimiento señalado ofrecía “la ventaja de permitir la obtención de una mayor fidelidad de reproducción con menor dependencia en la destreza de los operarios”. También en lo relativo a la cuestión de las facilidades para el adiestramiento del personal la balanza se inclinaba abiertamente para el lado del procedimiento basado en “estampado en plástico y electro-depósito de cobre…”. Este último método se realizaba con equipos que permitían un control muy preciso “de las variables físicas y químicas que afectan los resultados” de la impresión. Por lo tanto, el adiestramiento del personal para la operación eficaz y eficiente de ese procedimiento podía llevarse a cabo “en corto tiempo y sin ningún problema extraordinario”.
En lo relativo a “precios de la maquinaria y equipo”, en el documento se hacía ver que esa cuestión estaba influida de manera determinante por el hecho de que los proveedores participantes ofrecían propuestas muy distintas en cuanto a equipos y métodos de producción. El común denominador en las tres propuestas era que todas cumplían “las normas modernas contra las falsificaciones” pero aparte de eso las diferencias en las opciones técnicas daban lugar a que las cotizaciones del equipo y maquinaria también resultasen muy distintas, aunque en favor de la propuesta de Giori. La postura más elevada resultó ser la de la ABNCo, por 28.9 millones de pesos para los equipos de impresión y por 8.6 millones para otros equipos con un total de 37.5 millones. Finalmente, la opción Giori resultó la más económica con las siguientes cifras:
Equipo de impresión |
22 191 875.00 |
Otros equipos |
7 394 960.00 |
Total |
29 586 835.00 |
Y como se muestra en lo que sigue, estas mismas diferencias en favor de la propuesta Giori se concretaron en los renglones de “costo de producción” y en el también determinante de “inversión total (incluyendo regalías)”. La cuestión en la que las tres propuestas analizadas variaron muy poco entre sí fue en cuanto al costo de los edificios y ello únicamente debido al número de prensas que se requerirían en cada propuesta y por el tamaño relativo de los equipos. Con todo, con la inclusión del costo de los edificios y equipos complementarios como “elevadores y montacargas, subestación, sistemas de acondicionamiento de aire, sistema de alarmas, etc.” el presupuesto también resulto favorable, aunque en un monto más pequeño, para la propuesta de Giori. Así, mientras el presupuesto de Giori para esta última opción se elevó aproximadamente a 10.196 millones de pesos, el de Thomas De la Rue se ubicó en 10.276 millones y el de ABNCo en 10.356.
Particularmente interesantes son las reflexiones contenidas en el documento respecto del costo de producción de los billetes. La conclusión en el inciso correspondiente fue en el sentido de que “la producción de billetes de la más alta calidad por su impresión y papel empleados, resulta[ría] más costosa en las prensas intaglio monocolor de la ABNCo o Thomas De la Rue…”. La primera razón para ello era el más alto coeficiente de depreciación para los equipos y maquinaria que en la propuesta Giori. A lo anterior habría que agregar “un mayor consumo de tintas y planchas calcográficas y de los materiales para su limpieza”, además de las regalías que tendría que pagar el Banco de México a esas empresas proveedoras. En suma, tomando en cuenta el costo anual de operación para la producción de 300 millones de billetes y los costos por millar de billetes, las cifras eran claramente favorables para la propuesta Giori. En cuanto al primer concepto, la cotización de Giori era de 27.5 millones contra 30.3 de De la Rue y 31.4 de ABNCo. En lo relativo a costo por millar, las cifras fueron 91.39 para Giori y 100.91 y 104.57, respectivamente, para De la Rue y ABNCo, con el muy importante dato de que cuando se preparó el memorándum el costo de maquila para los billetes que producía para México la ABNCo ascendía en promedio a 114.65 pesos por cada mil piezas.
Pero la variable determinante para decidir la mejor postura fue claramente el renglón de “Inversión total (incluyendo regalías)”. Una de las razones para que la propuesta de Giori relativa al “establecimiento de la planta hasta iniciar su operación normal” resultara entre 17 y 18 por ciento más baja que la de ABNCo y De la Rue, es que el presupuesto de la empresa con sede en Lausaune no importaría el pago de regalías, mientras que en las alternativas sí se consideraba ese concepto: 11.3 millones de pesos para la empresa neoyorquina y 8.7 millones para la firma británica. Sin embargo, también en cuanto a los renglones restantes la cotización de Giori resultó claramente superior a la de sus competidores. Así, en cuanto a inversión fija la cotización Giori se ubicó en 48.5 millones de pesos contra 56.9 de la ABNCo y 57.7 de De la Rue, que resultó la más elevada. En lo concerniente a gastos de operación, la propuesta de Giori resultó de 5.8 millones contra 6.0 de la ABNCo y 7.2 de De la Rue.
Por su parte, la sección intitulada “Facilidades de asistencia técnica” se subdividió en tres incisos: “Adiestramiento en México”, “Adiestramiento en el extranjero” y “Adiestramiento de otros bancos centrales”. En estos tres ámbitos también la propuesta de Giori resultó altamente superior a la de los alternantes. Por ejemplo, respecto de adiestramiento en el extranjero los acuerdos sindicales prevalecientes en la ABNCo impedían que la empresa estuviera “en posibilidad de proveer adiestramiento en el extranjero al personal mexicano de mando y de operación”. De la Rue podría ofrecer adiestramiento en sus instalaciones en Inglaterra para la elaboración de originales y demás aspectos del proceso de producción, aunque con la dificultad de que se trataba de instalaciones operativas y no especializadas para la capacitación. A diferencia, la Organisation Giori poseía “un Centro de Grabado e Instrucción establecido exprofeso para el adiestramiento en diseño de billetes, grabado de originales y elaboración de planchas para impresión de fondos y de grabados”. En adición, en cuanto a la preparación y manejo de sus equipos de impresión Giori también ofrecía la colaboración de la empresa Giesecke & Devrient, la cual imprimía en Munich los billetes de la República Federal de Alemania.
En cuanto a la posibilidad de conseguir asesoría por parte de otros bancos centrales para la instalación y puesta en marcha de la fábrica de billetes local había que partir de que ningún banco central del mundo poseía equipo de la ABNCo para la impresión de sus billetes. Por esa razón, en caso de adquirir los equipos de esa firma resultaría imposible recurrir a la asistencia de otros bancos centrales. En los tiempos que corrían la mayoría de los bancos centrales del mundo que imprimían sus billetes lo hacían con equipos Giori y el resto con De la Rue. En esos casos se disponía de mayores facilidades “para el adiestramiento de personal y conocimiento de los hallazgos en la investigación de nuevos procedimientos…”. Así, la opinión del documento fue en el sentido de que los bancos centrales de otros países estarían dispuestos a brindar “una asistencia técnica más completa y franca si la planta mexicana se estableciera con O. Giori que con Thomas De la Rue…”. A ello había que agregar que esa última era una empresa comercial y por esa razón probablemente se sentirían más celosos y renuentes a transmitir “sus experiencias a fábricas que no sean también de bancos centrales en su estructura técnica”.
En lo relativo al adiestramiento técnico en México, éste únicamente podría llevarse a cabo en “un equipo igual al que vaya adquirirse para la planta”. En ese respecto, con excepción de las prensas Giori que poseía la Impresora de Estampillas de la Secretaría de Hacienda, no había en el país otras máquinas de esa u otras marcas que pudieran adaptarse, aunque fuese transitoriamente, para la impresión de billetes de alta calidad. En razón de lo anterior, únicamente en el caso de dotar a la nueva fábrica con equipos Giori existiría la posibilidad de capacitar localmente al personal antes de que quedara instalada la fábrica.
A continuación se trató en el escrito la importante cuestión de “Grabados Originales” en tres importantes apartados: “Elaboración”, “Propiedad” y “Costos”. En cuanto a la elaboración, los tres proveedores consultados ofrecían en un plano de igualdad una preparación “oportuna de los bocetos y originales grabados en acero y para offset seco”. En contraste, en materia de propiedad sí se marcaron diferencias definitivas entre lo ofrecido por la ABNCo, por un lado, y por otro Giori y Thomas De la Rue. En estos dos últimos casos “los grabados originales así como las matrices y moletas de acero que se hicieran con ellos pasarían a ser propiedad absoluta del Banco de México”. A diferencia, la ABNCo “conservaría para sí la propiedad de los grabados originales y únicamente entregaría a la institución contratante una matriz y una moleta para cada denominación”.
En cuanto al costo de elaboración de los bocetos y de los originales grabados en acero, se pusieron en consideración dos opciones. En la primera, según la cual se podrían usar diseños ya desarrollados para la fabricación de los billetes, la ABNCo tendría claramente ventajas contra las propuestas de sus alternantes. La segunda y más interesante alternativa era que la nueva fábrica imprimiera billetes totalmente renovados. Aun en el caso de que los billetes fueran totalmente nuevos, la ABNCo elaboraría las matrices y las moletas mediante la transferencia de retratos, viñetas y guilloches que ya tuviera en existencia. A diferencia, en las ofertas de Giori y De la Rue los diseños serían “elaborados totalmente en forma original, atendiendo a los requisitos más estrictos de producción contra falsificaciones y presentando motivos netamente mexicanos que hayan sido elegidos previamente por el Banco de México”. Pero a fin de darle aún más fuerza a su propuesta, la empresa Giori ofreció gratuitamente los bocetos correspondientes para las siete primeras denominaciones. En consecuencia, debido a esta última oferta la cotización correspondiente de Thomas De la Rue resultó mayor en $131,250.00. Así,
“como se muestra enseguida, los costos de elaboración de originales y planchas de impresión para la puesta en marcha de la planta resultarían más elevados en los casos de la ABNCo y Thomas De la Rue por el número de prensas calcográficas que es superior al de Organisation Giori”.
A continuación, el documento contiene las conclusiones a las que se llegó en las materias de “costos de producción” y “Número y grado de preparación del personal técnico requerido”. Respecto del primer punto, según una comparación del precio de los distintos equipos propuestos en contraste con la producción normal que podría obtenerse de ellos, resultaban claramente más económicos los ofrecidos por Giori. Ya en cifras exactas, el costo total de los equipos ofrecidos por la ABNCo había resultado mayor que la propuesta de Giori en un 30 por ciento o aproximadamente 6.7 millones de dólares. En cuanto a los requerimientos de personal técnico se tenía que para un mismo volumen de producción, en la oferta de la ABNCo se requerían 9 prensas intaglio y en la de Thomas De la Rue 11, en comparación con tan sólo 4 en la propuesta de Giori. En adición, “el más alto grado de mecanización de las prensas Giori” hacía posible que la calidad de la impresión dependiera “menos de la habilidad y experiencia de las operaciones”. Las razones expuestas daban lugar a que para los equipos Giori se necesitara menos personal especializado y que “el adiestramiento para la operación eficiente de esas prensas [pudiera] lograrse más fácil y rápidamente que en los casos de ABNCo y Thomas De la Rue”. Así, en cuanto a costos de operación las estimaciones eran como sigue:
ABNCo |
$2 443 875.00 |
O. Giori |
$1 928 750.00 |
Thomas De la Rue |
$3 278 875.00 |
Todos los indicios apuntan a que en la Organisation Giori el proyecto para establecer una fábrica de billetes en México se tomó con el máximo interés y cuidado. Tanto, que el propio Gualtiero Giori −figura emblemática en el mundo de la producción de papel moneda por su hazaña de crear la primera máquina intaglio multicolor para la impresión de billetes− se involucró personalmente en las negociaciones e incluso viajó a la Ciudad de México en julio de 1963 para reunirse con don Rodrigo Gómez y la plana mayor del Banco de México. Un telegrama enviado por el ingeniero Giori al Banco de México señaló: “… Debiendo salir enseguida Estados Unidos estoy obligado establecer programa. Agradeceré telegrafiarme decisión ustedes…”. Poco después, el 19 de junio, Giori telegrafió a Ernesto Fernández Hurtado: “Lamento molestarles nuevamente a propósito de la fecha de mi visita… a causa de mis diversos compromisos que me exigen frecuentes viajes intercontinentales… Ruego tengan la amabilidad de indicarme la época definitiva durante la cual mi visita a México será agradable y útil a nuestros intereses”. Y la confirmación definitiva se envió desde Lausanne, Suiza, el 27 de junio: “Muchas gracias por su cable. Llegaré Ciudad de México domingo 14 de julio. Alojaré Hotel Presidente. Ruégoles enviarme allí noticias acerca entrevista lunes 15”.[6]
Desde que en 1947 Giori creó la primera máquina intaglio multicolor para imprimir billetes, llamada Piloto, el ingeniero milanés había dado pasos importantes para convertirse en prácticamente el productor monopolista de prensas para producir papel moneda. Uno de tales pasos tuvo verificativo en la década de los cincuenta cuando se concretó la alianza de Organisation Giori con el prestigiado productor de maquinaria alemán Koenig & Bauer. Bajo el impulso de esa alianza se creó la famosa prensa Kobeau-Giori que prevaleció en el mercado hasta imponerse casi en definitiva sobre sus competidoras. Otro avance clave del consorcio italo-alemán se dio cuando a finales de los años cincuenta se logró que sus máquinas fueran compradas por las fábricas impresoras de billetes para los bancos centrales de Holanda y Austria. En la historia comercial de la Organisation Giori también ocupa un lugar preponderante la negociación por la cual, para tener mayor poder de mercado y en particular volverse proveedor del impresor de los dólares para el sistema de la Reserva Federal –el Buró de Grabado e Impresión−, se asoció con la empresa Thomas De la Rue para crear en 1965 la firma De la Rue Giori, S.A.[7]
En las negociaciones entre la Organisation Giori y el Banco de México para establecer la fábrica de billetes hay manifestaciones concretas de los avances de la firma suiza para convertirse en el referente principal de las máquinas impresoras de papel moneda. A manera de ejemplo, cuando se concretó la alianza con De la Rue Rodrigo Gómez del Banco de México recibió un mensaje en diciembre de 1965 en el siguiente tenor: “Tenemos el honor de poner en su conocimiento que a fin de mejorar nuestra organización interna, hemos decidido concentrar toda nuestra actividad en nuestras oficinas de Lausanne… donde se encuentra el domicilio social de la Societé Technique Giori & De la Rue, S.A.”. En el plano personal Giori había conseguido un gran triunfo cuando previamente esa empresa británica se había retirado de la producción de prensas para imprimir billetes. Asimismo, en el proceso de convertirse en proveedor para el Bureau of Engraving and Printing de Estados Unidos había infligido una dolorosa derrota a la ABNCo. El episodio está relatado en el interesante libro del periodista Bender ya citado en estas páginas. Para convertirse en proveedor del Buró, el consorcio Giori & De la Rue desarrolló especialmente para esa licitación una prensa a la que se denominó “Mono-Intaglio”. Por su parte, a fin de sobrevivir en ese ramo del mercado la ABNCo contrató al previamente ingeniero en jefe de Giori, Ivando Gazzola, con cuya ayuda se creó la prensa Magna Intaglio. El episodio concluyó en que aunque el Buró acabó adquiriendo las 4 máquinas Magna que se le ofrecieron además de 8 prensas Mono-Intaglio de Kobeau-Giori, las prensas Magna nunca pudieron funcionar de manera apropiada. Incidentalmente, la adquisición de esas prensas dio lugar a un acalorado debate en el Senado estadounidense[8] -encargado de la operación del Buró- a finales de la década de los setenta.[9]
Los argumentos que el ingeniero Giori debió haber esgrimido ante el Banco de México en favor de la propuesta de su empresa debieron ser aproximadamente los mismos que los contenidos en una larga comunicación sin fecha que se envió al instituto central mexicano bajo la ilustrativa cabeza de “Memorándum que presenta la Organización Giori a la atenta y distinguida consideración del señor Rodrigo Gómez, Director General del Banco de México”. Una de las cosas que sorprende en ese memorándum es la forma franca y hasta descalificatoria con que Giori se refiere a la propuesta alternativa que había presentado la ABNCo e incluso en contra de esa propia firma. Como posiblemente durante ese tiempo ya estaba en gestación la alianza de Giori con De la Rue, ninguna referencia hay en ese escrito respecto de la cotización que presentó el proveedor británico. Básicamente dos fueron los argumentos de Giori en oposición a la ABNCo. El primero, aunque quizá de menor importancia, tenía que ver con el excesivo conservadurismo y renuencia a la innovación de esa empresa. En opinión de Giori, “la elaboración de billetes de banco siguiendo los tradicionales conceptos clásicos da[ban] a un País un aspecto de estancamiento”. Esa apariencia no era “compatible con la pujanza de una Nación como México que está mostrando al Mundo que se encuentra en pleno desarrollo…”. En el caso de México, esa evolución venía aparejada “con las técnicas más avanzadas que sustituyen paulatinamente los procedimientos arcaicos”.
El segundo y probablemente más importante argumento era que la ABNCo estaba ya obsoleta en materia de productos y técnicas, lo que le impedía imprimir billetes modernos a salvo de la falsificación. En respaldo a esta última acusación, Giori hacía referencia al caso reciente de un billete de cinco mil cruzeiros creado por la ABNCo y que había resultado un fracaso en razón de que había sido falsificado en grandes cantidades. El agravante era que dicha pieza tenía “las mismas características técnicas de los billetes que [en esa época] circula[ban] en México”. Según Giori, una investigación llevada a cabo por la Policía Científica de Suiza sobre el billete de marras había comprobado el atraso técnico con el que se había diseñado y producido. En contraste, el boceto de un billete preparado por la organización Giori “con bases técnicas modernas pero contando con los mismos elementos (motivos, tamaño, etc.)” mostraba las grandes diferencias. En opinión de Giori, éstas eran evidentes “no solamente del punto de vista artístico sino también del punto de vista de la seguridad…”.
Por otra parte, en su memorándum Giori puso de relieve algo que también se menciona en el libro de Bender sobre el enfoque empresarial de ofrecer a sus clientes un producto integral como proveedor de equipos y tecnología, desarrollador y oferente de servicios. Muy posiblemente el ingeniero italiano conoció la sentencia atribuida a Henry Ford de que es más importante el servicio que la venta. Incluida en esa oferta integral estaba también una relación de proveeduría muy importante que hasta el momento no se ha mencionado en estas páginas: la del fabricante de las tintas de seguridad especializadas para la impresión de billetes. En el caso de Giori, su oferta incluía a la empresa silca, propiedad de Albert Amon de quien Gualtiero era un amigo cercano. Desde entonces y hasta tiempos recientes esa firma se ha mantenido como la predominante en ese ramo y a sus productos difícilmente podría dar la espalda la futura fábrica de billetes del Banco de México. Y, desde luego, en la propuesta de Giori había también que considerar el muy importante centro de capacitación y adiestramiento instalado por la empresa como parte de su amplio departamento de investigación y desarrollo. En esas instalaciones, “protegidas herméticamente mediante los más modernos sistemas de seguridad”, los capacitandos podían realizar corridas múltiples de impresión en máquinas auténticas, además de también contemplar el proceso de contado y empaquetamiento de los billetes.[10]
Todos estos aspectos y otros afines fueron incorporados con una intención mercadotécnica en el citado memorándum de Giori para el Banco de México. Una de las facetas que más se destacaban en esa comunicación era el legado técnico de frontera que le daba a esa empresa ventaja sobre sus competidores: “la Organización Giori no solamente está a la vanguardia del progreso sino también es la única firma en su ramo que sigue progresando mediante nuevos inventos de definitiva importancia técnica y económica”. Y desde luego, el memorándum también puso énfasis en la capacidad para el adiestramiento. En ese respecto, “ninguno de nuestros competidores cuenta con un Centro de Impresión y Grabado como el de la Organización Giori en Milán… que tiene como objeto la instrucción del personal técnico de los Institutos que opten en favor de las Instalaciones Giori:”
“Hasta los países más adelantados, que ya imprimían sus billetes desde hace muchos años, han mandado a sus técnicos a nuestro Centro de Instrucción y Grabado para que conozcan los últimos adelantos en la preparación e impresión de billetes de banco a fin de poder aprovechar las instalaciones que nos han venido adquiriendo. Además, ninguna otra organización puede ofrecer tantas posibilidades de colaboración técnica como la Organización Giori, la cual cuenta entre sus clientes a la mayoría de los institutos de emisión, todos dispuestos a poner su gran experiencia a la disposición del Banco de México”.
En el escrito de Giori se pone asimismo mucho énfasis en la superioridad técnica de sus máquinas y en la diferencia en cuanto a procedimientos y servicios sobre los de sus competidores y las ventajas económicas que se derivaban de convertirse en sus clientes. Respecto de los equipos y procedimientos de impresión, en el escrito de Giori se citaba la opinión de una autoridad en el tema que era el señor Hossack de la ABNCo, y quien a pregunta sobre el particular no había podido dejar de manifestar “francamente la opinión de que las instalaciones de la Organización Giori y las de la American Bank Note son tan diferentes que no tienen base de comparación”. La amenaza sutil estaba claramente lanzada: de contratar el Banco de México con la ABNCo quedaría automáticamente excluido de tener relaciones de proveeduría con Giori. Respecto de la propuesta que habría presentado la empresa estadounidense para la fábrica de billetes de México la opinión de Giori fue bastante explícita y tajante:
“Desconozco el avalúo de la American Bank Note de Nueva York por cuenta del Banco de México pero estoy seguro de que el veredicto habrá sido invariable a la organización Giori… debido al hecho de que somos hoy en día los fabricantes más importantes de instalaciones para la producción de billetes de banco… Nuestras instalaciones no solamente son las mejores desde el punto de vista técnico sino también las más convenientes desde el punto de vista económico”.
Otro antecedente que Giori invocó en favor de su propuesta para participar en la instalación de la fábrica de billetes de México era respecto de las máquinas intaglio que la Secretaría de Hacienda había adquirido para la Oficina Impresora de Estampillas. Ese hecho había establecido un vínculo importante con el gobierno mexicano no únicamente por la venta de las máquinas sino también “mediante la adquisición de todos los equipos adicionales… y la instrucción del personal técnico de esa Dependencia…”. En términos del ingeniero italiano, esas instalaciones podrían asimismo “facilitar en la forma más simple y económica la formación de parte del personal técnico de la futura imprenta del Banco de México”.
No se sabe si efectivamente se llevó a cabo esa capacitación en las instalaciones mencionadas pero a la postre, una vez que la fábrica de billetes del Banco de México entró en funcionamiento, el caso desembocó en un resultado imprevisto. En tal sentido, obra en el archivo histórico del Banco una comunicación de febrero de 1967 del subdirector Ernesto Fernández Hurtado al director Rodrigo Gómez en relación a las gestiones de la Secretaría de Hacienda para que los equipos Giori que tenía la Oficina Impresora de esa dependencia fueran absorbidos por el Banco de México como parte de la maquinaria de la fábrica “en virtud de que nunca han podido hacerlos trabajar a capacidad aceptable y los utilizan solamente para algunas impresiones de valores”. La opinión del subdirector fue en el sentido de que sería conveniente ese traspaso de maquinaria “en vista de los problemas de jurisdicción que se han tenido con dicha oficina respecto a la impresión de billetes…”. A continuación el funcionario aportó tres razones adicionales en apoyo del traspaso:
“Que siempre se consideró que la nueva fábrica podría imprimir valores a todas las empresas descentralizadas que en la actualidad ordenan sus impresiones a talleres privados”.
“Porque la fábrica cuenta con espacio suficiente y con este equipo adicional se facilitaría hacer algunas impresiones a bancos centrales latinoamericanos, sin necesidad de tomar tiempo ni hacer ajustes innecesarios en el equipo que el Banco de México adquirió para la impresión de sus propios billetes”.
“En tercer lugar, se trata de un equipo en muy buen estado, que podemos tomar a un precio mucho más bajo que el que tienen esos equipos en el exterior. El precio de dicho equipo usado podría indicarlo la propia firma Giori, de acuerdo con su estado de uso y mercado disponible”.[11]
No hay duda de que para la instalación de su fábrica de billetes el Banco de México adquirió la maquinaria Giori tal como se recomendó en la evaluación que se hizo de las propuestas que participaron en el proceso. Sin embargo, se carece de información sobre los equipos que se adquirieron, su fecha de entrega y el tiempo que llevó su instalación en el inmueble situado en Calzada Legaria. Tan sólo un indicio obra en ese sentido en el archivo histórico del Banco en la forma de un telegrama del 15 de septiembre de 1966 suscrito por el propio Giori. El cable fue para informar a la institución que esa mañana había quedado abonado en la cuenta de De la Rue Giori en el Banco Credit Suisse de Lausanne “la suma de un millón cuatrocientos nueve mil cuatrocientos cuarenta y cuatro marcos alemanes…”. Según el cable, esa cantidad correspondía al 20 por ciento del total del contrato suscrito con el Banco de México el 2 de marzo de 1964. El mensaje concluía dando al Banco de México “mis expresivas gracias por la amabilidad y diligencia con que han tenido a bien responder…”.[12]
¿Cómo fueron en esos inicios los servicios de apoyo técnico que De la Rue Giori proporcionó a la fábrica de billetes del Banco de México? Tan sólo un ejemplo de esa muy importante relación fue posible descubrir en los papeles históricos relativos a la fábrica. Ese proveedor al parecer efectivamente se encontraba en un esfuerzo permanente de innovación para equipos y máquinas. Así, hacia principios de 1969 dicha empresa hizo saber a las autoridades del Banco que habían logrado desarrollar un dispositivo de precontrol electrónico para la numeración de los billetes que se imprimían. Según la comunicación correspondiente, esos dispositivos que podían adaptarse sin problemas “en máquinas de impresión totalmente diferentes”, ofrecían “numerosas ventajas…”. Entre ellas quizá la más importante era que permitían “la eliminación del personal encargado de verificar los números, ya sea en los billetes de banco como en cualquier otro papel valorado (cheques, títulos, etc.)”. Así, la comunicación respondió a la finalidad de ofrecer a la fábrica de billetes a prueba uno de tales dispositivos “por cuatro semanas”. En caso de que el ofrecimiento fuera de interés para el Banco de México, debería confirmárselo al proveedor. En tal caso, éste le haría llegar a México “el dispositivo en cuestión y delegaremos (sic) a vuestra Imprenta un técnico especializado para proceder a su incorporación en la máquina numeradora que ustedes han escogido para ensayarlo”.[13]
En caso de que el Banco de México estuviera interesado en esa posibilidad, De la Rue Giori solicitaba que se respondiera una serie de preguntas que sería necesario conocer antes de enviar a México “al técnico especializado”. La primera era respecto del tipo de máquina “con indicación de la marca, el tamaño, la fecha de entrega” en la que se desearía probar el dispositivo. A esa información tenía que agregarse la relativa a la “cantidad máxima de numeradores utilizados en la máquina” y el número “de ruedas con cifras incorporadas en cada numerador”. En caso de que el dispositivo fuera a ensayarse en máquinas de impresión planas se solicitaba enviar, si fuera posible, “un diseño detallado del marco de numeración”. Adicionalmente también se solicitaba información sobre las “características de la corriente de la máquina con indicación de la tensión”. En apoyo del ofrecimiento, el comunicado informaba que el dispositivo ya se había aplicado exitosamente en tres casos: en la imprenta del Banco de Italia en una máquina “Numerota”; en la imprenta de Thomas De la Rue en una máquina “Numberling” y en la Imprenta Turati & Lombardi de Milán, en una máquina plana Heidelberg.
Tanto en el documento sin fecha en el que se evaluaron las ofertas de los proveedores como en la comunicación de Giori se puso mucho énfasis en la conveniencia de conseguir asesoría técnica por parte de otros bancos centrales para la instalación de la fábrica de billetes. Al parecer, las autoridades del Banco de México coincidían con esa opinión y en el archivo histórico del instituto central hay comprobación de los esfuerzos que se pusieron en ejecución en ese sentido de una manera sistemática. La información correspondiente confirma que hubo contactos con esa finalidad con el Buró de Grabado e Impresión de Estados Unidos, el Banco Nacional de Bélgica, el Banco de la República de Colombia y el Banco Nacional de Austria. Con todo, no hay en las comunicaciones que es posible consultar mucha información sobre el detalle de esas asesorías. Es decir, respecto de las recomendaciones que esas instituciones pudieron haber dado al Banco de México en cuanto al proyecto para establecer su fábrica de billetes.
Un caso especial en ese sentido fue el del Buró de Grabado e Impresión en una comunicación de diciembre de 1963 suscrita por el jefe de la Oficina de Fabricación de Billetes y Estampillas en esa entidad, James Conlon. Estando el Banco de México embarcado en el proceso de adquirir la maquinaria para su fábrica de billetes, a través de la embajada en Washington cuyo titular era el exsecretario de Hacienda Antonio Carrillo Flores, se había solicitado al “Bureau of Engraving and Printing” su opinión sobre un conjunto muy detallado de prensas y otros equipos que la Organización Giori estaba ofreciendo en venta. En particular, esa solicitud era respecto a las cotizaciones que se habían recibido de dicho proveedor.
La respuesta del señor Conlon fue que el Buró había adquirido de Giori maquinaria similar a la incluida en el listado del Banco de México “únicamente en los casos de la prensa calcográfica de dos placas y tres colores y en el de la prensa calcográfica de cuatro placas y tres colores”. A continuación, la aclaración del jefe Conlon fue simplemente en el sentido de que para ambas máquinas la cotización que había recibido el Banco de México de Giori “era comparable con el precio que había pagado el Buro por esos equipos”. Y a continuación, ese funcionario concluyó lamentando no poder emitir opinión sobre las cotizaciones para el resto de los equipos incluidos en el listado del Banco por su falta de conocimiento y familiaridad con ellos.[14]
En adición a lo anterior, muy escasos indicios de las recomendaciones de tipo técnico que se obtuvieron de otros bancos centrales es posible descubrir en el archivo histórico del Banco. En todos los casos mencionados don Rodrigo Gómez escribió al funcionario de mayor jerarquía en esas instituciones señalando que “desde hacía tiempo el Banco de México había estado estudiando las posibilidades técnicas y económicas para establecer una fábrica de billetes en México”. A continuación, el director Gómez solicitaba que el funcionario con mayores conocimientos en la institución contactada en materia de impresión de billetes pudiera visitar el país a fin de colaborar “con nosotros en el desarrollo integral del proyecto, discutiendo los programas correspondientes y asesorándonos en los aspectos técnicos y administrativos que será necesario implantar en la imprenta mexicana de billetes de banco”. Ése fue el mensaje de varias cartas similares que don Rodrigo Gómez envió a los siguientes funcionarios: Dr. Eduardo Arias Robledo, Gerente General del Banco de la República de Colombia; Dr. Reinhard Kamitz, presidente del Banco Nacional de Austria y el señor Hubert Ausiaux, Gobernador del Banco Nacional de Bélgica. Tan sólo en las cartas relativas de los enviados colombiano y belga es posible encontrar alguna indicación del tenor de sus asesorías. En el caso de Bélgica el experto que viajó a México fue el ingeniero Charles Aussems, director de la imprenta de billetes de su país. En una misiva fundamentalmente protocolaria de junio de 1965 enviada a la atención de Rodrigo Gómez, ese comisionado de cualquier manera apuntó:
“Durante mi estancia tuve el placer de aportar mi modesta contribución a la obra que el Banco de México está llevando a cabo y justamente con sus colaboradores procedí a hacer un último examen sobre los planes de la futura imprenta. Las sugerencias que yo hiciera son de carácter secundario, puesto que según mi opinión el proyecto responde por su estructura a las exigencias técnicas de las futuras instalaciones así como al programa establecido”.[15]
Por otro lado, en los papeles históricos del Banco de México apenas hay algunas menciones escuetas al tema del terreno que se adquirió para la fábrica de billetes y el edificio que se construyó para albergarla. Respecto del terreno, en una breve nota casi informal sin membrete, fecha o firma, se dice que por el predio de interés con 26 650 metros cuadrados los vendedores habían solicitado originalmente 180 pesos por metro cuadrado pero que posteriormente habían bajado su cotización a 160 pesos. Y a continuación se agregaba que harían “la lucha para que nos lo dejen en $150.00 m², pero creemos que $160.00 es un buen precio”. En seguida se explicaba que la fábrica requería al principio y tan sólo para atender la producción de México 15 mil metros cuadrados. Sin embargo, se explicó, se necesitaba el espacio restante para ampliaciones que se anticipaba deberían realizarse en corto tiempo. Adicionalmente se aclaró en la nota que el Departamento de Seguridad del Banco había aprobado la ubicación de la fábrica “como un buen sitio poder dar las protecciones requeridas”. Por último, lamentablemente no subsisten en la actualidad los dos planos con los que se prometía venía acompañada la nota. De lo que sí hay indicios es de que la construcción del edificio no pudo terminarse como estaba planeado en marzo de 1966. En tal sentido, el proveedor Maschinenfabrik Michael Kämpf de Hamburgo solicitó en febrero de 1966 que se le informara si el inmueble estaría listo para el mes de julio de ese año a fin de que estuviera en posibilidad “de preparar con suficiente tiempo la expedición de la maquinaria” que se les había adquirido.[16]
Con motivo de la inauguración de la fábrica de billetes a la que asistió el presidente Gustavo Díaz Ordaz, se filmó un cortometraje que aporta alguna información valiosa sobre los perfiles del proyecto. Patrocinada esa filmación por la Secretaría de Hacienda bajo el título “Actividades del señor secretario de Hacienda en 1967” es posible detectar en esa presentación un error garrafal. Ello, en la medida en que el tema principal de esa grabación que fue la inauguración de la fábrica de billetes del Banco de México tuvo verificativo casi dos años después, en diciembre de 1969, ya en vísperas del transexenal 1970. En un sentido diferente, en la primera parte de ese cortometraje se presenta un hecho al que no se hace mención alguna ni en las Actas del Consejo del Banco ni tampoco en los papeles históricos alusivos al establecimiento de la fábrica. Se trató del proyecto paralelo, seguramente discurrido por el ministro Ortiz Mena, de establecer la Casa de Moneda en el mismo predio que la fábrica de billetes, en vecindad tan sólo separada por una barda colindante. Aunque operativamente tanto la Casa de Moneda como la fábrica pueden considerarse como proveedores del Banco de México en la medida en que le suministran las monedas metálicas y los billetes que el instituto central se encarga de poner en circulación, ambas entidades tienen jurisdicciones distintas. Mientras la Casa de Moneda se encuentra en la jurisdicción de la Secretaría de Hacienda, la fábrica de billetes es parte de la estructura del instituto central.[17]
En el mencionado cortometraje se explica con pormenor que el proyecto concebido por Ortiz Mena para la Casa de Moneda no únicamente contemplaba su mudanza junto a la fábrica de billetes en la Calzada Legaría sino también una modernización completa de sus equipos, tecnología y procedimientos de trabajo. A tal fin, en el cortometraje se muestra que para lograr la modernización de esa dependencia se contrató un empréstito con el Eximbank de Estados Unidos por 43.8 millones de pesos. Con el importe de ese crédito se pagarían los nuevos hornos, máquinas laminadoras, troqueladoras y demás equipos nuevos que le venderían a la Secretaría de Hacienda las empresas General Electric y E.W. Co. Inc. En el cortometraje también se muestra la ceremonia de firma del contrato para la adquisición de esos equipos que encabezó el ministro Ortiz Mena acompañado por el oficial mayor de Hacienda, el director de la Casa de Moneda y el director del Banco de México, Rodrigo Gómez. En el evento estuvieron presentes también los funcionarios de las firmas proveedoras.
La inauguración oficial de la fábrica de billetes fue el 2 de diciembre de 1969, con la asistencia del propio presidente Gustavo Díaz Ordaz; en la ceremonia el orador fue el secretario Ortiz Mena. En el cortometraje aparecen escenas de los momentos en que ese funcionario pronunció su discurso conmemorativo, del develamiento de la placa de inauguración, del momento en que el mandatario puso en operación al botón de arranque de las máquinas tipográficas de la fábrica, del recorrido que realizó por la planta acompañado por Ortiz Mena y el director Rodrigo Gómez y del evento de convivencia que tuvo verificativo al final de la ceremonia durante el cual se acercaron a saludar al presidente los representantes de la banca privada a quienes se extendió invitación para que asistieran al acto. En el archivo histórico es posible encontrar copia de algunos de los telegramas que se enviaron a esos banqueros para que asistieran a la celebración. Y en una de las últimas escenas del film se aprecia fugazmente, aunque con toda claridad, al mandamás del Banco de Comercio Manuel Espinosa Yglesias saludando al presidente Díaz Ordaz.
Por último, la crónica de los esfuerzos que concluyeron en el establecimiento de la fábrica de billetes del Banco de México puede satisfactoriamente terminar con una misiva que se envió suscrita por don Rodrigo Gómez a la atención del presidente Gustavo Díaz Ordaz.
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México, D.F., 11 de diciembre de 1969. Sr. Lic. Don Gustavo Díaz Ordaz Por conducto del señor Lic. Antonio Ortiz Mena, Secretario de Hacienda y Crédito Público, me permito enviar a usted el billete No. 1 de la denominación de $10.00 producido en la Fábrica que usted hizo el honor de inaugurar el día 1º. del presente mes, que fue planeada y construida durante su patriótica y eficiente administración. Respetuosamente, Rodrigo Gómez |
[1] En Archivo Histórico del Banco de México (AHBM), Caja 19, Expediente 4.
[2] Carta del vicepresidente de la ABNCo Murray M. Wise al director Rodrigo Gómez del Banco de México, 5 de febrero de 1963, en AHBM, Caja 19, Expediente 4.
[3] Archivo Histórico del Banco de México.
[4] Carta de Rodrigo Gómez a W.F. Colclough, presidente de la ABNCo, (31 de enero de 1964), en AHBM, Caja 19, Expediente 4.
[5] Documento en el AHBM.
[6] Archivo Histórico del Banco de México, Caja 19, Expediente 4.
[7] Klaus W. Bender, Moneymakers. The Secret World of Banknote Printing, Weinheim, Wiley-VCH 2006, pp. 55, 58-59, 60-61 y 66-68.
[8] Carta de De la Rue Giori, S.A, a Rodrigo Gómez, 1 de diciembre de 1965, en AHBM.
[9] Bender..., op. cit., p. 68.
[10] Bender, op. cit., pp. 59-60.
[11] Archivo Histórico del Banco de México.
[12] Telegrama X07 N5390 Lausanne, 15 de septiembre de 1966 de Gualtiero Giori en AHBM.
[13] Carta de De la Rue Giori a la Dirección del Banco de México, 31 de marzo de 1969, en AHBM.
[14] Carta de James Conlon, Bureau of Engraving and Printing, para Julián Saénz, Embajada de México en Washington, 12 de diciembre de 1963, en AHBM.
[15] Carta del Ing. Charles Aussens del Banco Nacional de Bélgica al director Rodrigo Gómez, 11 de junio de 1965, en AHBM.
[16] Carta de Michal Kampf K.G. al ingeniero Fausto Urencio Ramírez, 25 de febrero de 1966, en AHBM.
[17] La primera casa de moneda en la Nueva España se estableció en 1535. Al consumarse la Independencia, de manera natural la casa de moneda quedó ubicada en la jurisdicción de la Secretaría de Hacienda y en esa jurisdicción ha quedado desde entonces. La especialidad original del Banco de México se determinó para la emisión de billetes. Cuando en la década de los sesenta se decidió establecer la fábrica de billetes local, fue lógico que quedara en la jurisdicción del Banco de México.